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EL OBSEQUIO DE ESTAR VIVA
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Tras
un intenso día de frágil perduración
y de constante supervivencia, lo que más denuedo me
abarca es el letargo que transcurro con el eucalipto. Él
es un incondicional amigo, siempre permanece allí para
atender y paliar mis dilemas, nunca me abandona, hasta me
lega algunas hojas de su cubierta para aliviar mi asfixia
con el entorno. Sin embargo, yo también le presto mi
vigor y reflexión a través de sus transpirables
poros, y oigo su dulce voz al compás del musical viento.
Apoyada
y asentada en su orgánico cuerpo, degusto y acaricio
su baúl de experiencia, con la confortante sombra que
me brinda su sabia filosofía empiezo a leer Platón,
Aristóteles, Sócrates, y a veces, intento leerme
a mí misma. Gran dificultad el leerse a uno mismo,
innumerables errores y decepciones encerradas se albergan,
además de sorpresas y asombros que no se conocen, que
se tienen que saber manejar, y que no paran de alterarse.
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El árbol capta mi abatimiento interno, los gorriones
jocosos que revolotean a su alrededor detienen su alboroto
reproductivo, y el temor de la existencia nos invade; son
demasiados obstáculos y obstrucciones creadas. El mañana
nos asusta.
-¿Qué te hace estar en pie y erguido tanto tiempo
sin caer en la cólera y en la angustia? ¿Qué
te hace vivir, árbol mío, en este mar de injusticias
y exasperación?
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-La
pretensión de la añorada justicia, el aliento
de la esperanza, y entre otras cosas, tú.
-¿Qué entiendes por amor, eucalipto? Radiantes
y majestuosas son tus entrañas, y alabada sea la criatura
que habite en ti.
-¡Oh, el amor! Suntuoso capricho de la naturaleza que
no entiende de elección.
La comprensión de las palabras se manifiesta en un
detenido silencio, y se invierte el emisor en la conversación.
-Y tú, mujer, ¿quién crees que destrozará
el planeta?
-Los seres humanos, por desagradecidos y por no cuidar de
lo que les mantiene.
-¿Qué son los seres humanos?
-Seres vivos radiales, apresados en ellos, similares, pero
peculiares; seres vivos que se alimentan del mismo conducto,
creados de un placer, que comparten el mismo encuentro, la
misma salida, y distintos caminos; seres vivos que sueñan,
que imaginan, que fantasean, que se disfrazan, que usan intelecto:
con benignidad, con perversidad; seres vivos que padecen,
que sufren, que disfrutan, que deleitan con unos sentidos
enfocados a una distinta visión panorámica;
seres vivos que se extienden, que se destruyen y destruyen,
que mueren asiduamente, que proclaman un lado más que
otro, un dote, desdichado y codicioso, fácil de conseguir,
y suelen abandonar el otro, amargado en la esquina del organismo,
en la esquina del abismo, en la esquina de lo infinito, perdurando
y esperando una existencia más sublime, más
considerada, más mimada y cuidada.
¡Ay qué dulce amargo, el que siente mi sangre
al ver a los “seres humanos”! Seres vivos clonados,
creados, moldeados por la esencia y la sustancia, de la vida
y del ser… |
A todo esto, si se le podrían llamar a toda causa humanos.
-¿Te arrepientes de pertenecer a esa índole?
-No me arrepiento, porque nadie puede escoger su alma y la
materia que ocupa; y sería de cobardes huir de lo que
te atañe. No obstante, me indigna el comportamiento
de algunas personas. A pesar de lo expuesto, ¿te hago
seguir en pie?
-Sí, porque tú eres humana.
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En ese momento, me incorporo del suelo, temblorosa y conmocionada,
me palpo el pecho y noto latir mi víscera de nuevo.
Había muerto. Abrazo estrechamente al eucalipto, y
apoyo mis labios en su corteza entre sollozos.
-¿Qué te hace levantarte, amiga?
-Sentir mis sentidos y órganos funcionar adecuadamente,
estar integrada y capacitada a difundir justicia para mejorar
la situación, observar que he despertado, haber vencido
a la fuga efímera de la esperanza poseyéndola
nuevamente, y entre otras cosas, tú, humano.
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Poemas
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