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No
hay nada
que con nada sea algo;
el vacío está tan hueco
como la soledad en su trono
y entre lo que se quiere
y se tiene, solo media
la cantidad de deseo:
si tuviera lo que sueño
y quisiera lo que tengo,
no me costaría tanto
olvidar lo que pierdo…
porque sería nada
como nada es el viento,
el amor sin amor,
tan solo capricho del tiempo.
Así también son nada
las palabras que gritan silencios
en el pañuelo de soledades
al que yo me enfrento
cuando nada es el nombre
que puebla mis recuerdos.
Y cuando la nada sea ya la Nada
absoluta, en su minuto eterno,
nada me importará la gloria
ni del más allá, su misterio…
porque yo regresaré a la nada
al ningún lugar de donde vengo.
(De libro “El silencio de las palabras”) |