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Las
palabras observan el correr del Tiempo, son como hojas que
retoñan, sus manos están llenas de secretos
y suelen agitar pañuelos recordándonos las humaredas
de los arrabales. Se asemejan a paisajes somnolientos que
no quieren abrir sus tumbas al sentir de las campanas. Autentica
metamorfosis, a veces silencio, a veces tumultuosa resonancia.
Sus miradas llenas de música lanzan pregones de juventud,
pero están sujetas a los círculos pretorianos
del olvido, a una duermevela con claroscuros eléctricos,
donde habitan torrentes excavados entre las ruinas. Recuerdan
a las transparencias seculares poseídas por el balbucir
de las sombras. Murmullo de labios imposibles, esperando la
orilla, donde la vida se purifica
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