Te
hará feliz o te devolvemos tu dinero
Fran le pide dinero a su padre para salir.
En el recreo fuma con Martin dos petas para celebrar su cumpleaños.
Se dan de hostias con tres colegas por una chorrada que dijeron
a cuento de la edad.
Los compañeros los animan. Lo graban con el móvil.
Ganan ellos.
Pasan de las últimas dos clases y continúan la fiesta
en los billares. En los televisores de la sala de juegos están
pasando el anuncio de un coche.
Fran invierte las monedas de su padre y las duplica en una tragaperras.
- Un día de puta madre.
Compran en un chino una botella de Cacique, unas coca-colas, una
navaja.
Mientras beben en el parking de una gran superficie ven un coche
igual que el del anuncio. - Martin, ¿nos hacemos felices?
Fran y Martin.
Felices.
Abren el coche con la navaja nueva.
La ciudad se abre de piernas ante ellos.
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del libro "Flores en la cuneta"
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No necesitan saber nada más. Hay un mundo perfecto y puede
construirse a su medida. Cuando todo alrededor es tan espléndido
sólo puede ser designado con nombres muy pequeños,
y su vocabulario también está pensado a su medida:
coche, música, petas, priva, pasta en el bolsillo.
El sol, que tampoco distingue lo
diverso, rebota en el contorno de su coche. Sobre el lado contrario
de la carretera ven su sombra pero no saben que es todas las
sombras.
Fran y Martin.
Felices.
Siguen acelerando.
Las ventanillas, aun después de que han sido cerradas
conservan la memoria de su hueco. Ven su mundo correr por esos
ojos y tienen la certeza incuestionable de que ellos son el
mundo. Quieren salvarse solos y son igual que brasas sacadas
de una hoguera.
A partir de este instante, Fran y Martin ya no sabrán
qué ocurre. Algunos lo veremos. Los informativos de las
15 h empezarán con la noticia desde la puerta del instituto.
Harán una entrevista a varios compañeros.
Las imágenes son de una carretera que discurre por un
paisaje idílico. Al fondo de un barranco hay un rastrillo
de cosas esparcidas, expuestas a la intemperie de los ojos de
una bandada de cuervos.
El árbol ya es ceniza de un fuego consumido.
Esta noche habrá viento.
Lo revolverá todo.
La madre de Fran no quiso verlo. Ha dicho que, para ella, el
mundo a partir de hoy será como vivir dentro de un cuadro
en el que siempre llueve. Fue el padre el encargado de recoger
las pertenencias. Una navaja, un teléfono móvil,
la mochila con los libros de clase, un pantalón con un
bolsillo lleno de dinero.
Aprieta las monedas para poder pensar que está tocándolo.
Las guarda en una caja como recuerdo de lo último que
tuvieron los dos entre las manos.
Nunca sabrá que no son las mismas.
Después de las noticias vuelven a pasar por la tele el
mismo anuncio. |
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