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Hay pensamientos y meditaciones que nunca deberían
ser escritos; quizás estos sean algunos de ellos. Siento
cansada, enferma y triste el alma, por la celosía de
los amores de contrabando.
Los sueños que me hablaban
penando cuando abandonaba la necedad; y me enseñaban
a amar, así me quedara sin vida, por lo que otros aborrecían;
de ellos aprendí, que no solo nos debemos sentirnos
orgullosos del ser que se ama, sino del amado.
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NECESITO
SENTIR LOS LABIOS DE LA VIDA (I) |
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Mi espíritu
se fastidió con el embarazo de gritar, de denunciar
y de hacer propuestas contra lo inauténtico, contra
lo cutre de la vida y la hediondez.
Me siento asfixiado y
arrollado en mi propio espacio; es más que unas absurdas
paredes carceleras invisibles. Aprendí a percibir la
belleza oculta bajo la piel y la forma; solo conociendo el
verdadero encanto y deleite de las personas, descubriremos
belleza en lo que tildábamos de feo. Lo importante
es la llama del corazón de las personas. Lo dí
todo, hasta perderlo todo; yendo y viniendo como la orilla
despeinada de la playa o los cabellos ojerosos de mí
amante.
Llegué hasta creer que el escribir era algo necio e
innecesario. Tenemos que aprender a respirar la fragancia
de la naturaleza en los jardines o en los bosques. No voy
a mendigarles más buenas intenciones ni oportunidades,
a los pañuelos que aletean como aves blancas, diciéndome
adiós. Deseo conocer facetas desconocidas de la vida;
chorrearme de amor y de mar. No todos los senderos de la vida
son cómodos ni fáciles. Aprenderé a vivir
de la palabra; a crear oportunidades para subsistir y vivir
con magia lo que me queda de vida. Podemos hacer regresar
al pasado o vivir el futuro si lo deseamos; en el presente
podemos vivir todos los momentos; el hoy y el ahora no pueden
pasar desapercibidos, mas si son fieros monstruos del mar.
Nunca esperemos el elogio; los frutos se dan en el momento
preciso y en épocas de cosecha. No somos más,
ni menos que nadie; remaremos como marineros hasta morir en
el mar. La noche siempre será más oscura que
el caracol de la luna de las doncellas. Nunca pretendamos
ser luz, simplemente somos los que llevamos la llama cancerbera,
para orientar a la luz de los faros. Al abismo del olvido
del pasado, solo entran los que lo desean; así estemos
perdidos por estar apagados los faros, tenemos que ser nuestros
propios torreros gavieros. Debemos responder a los llamados
de la vida, para abrirnos un camino hacia el mañana,
ignorando las tentaciones de las sirenas que desean llevarnos
con ellas. La perplejidad es el comienzo del conocimiento
y solo proyectándonos a servir a nuestra amada tierra
como fieles servidores, nunca la podríamos usar para
nuestro beneficio como parásitos politiqueros.
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En tan poco tiempo que parece una vida, aprendí a amarte.
Sé que el bienaventurado que ame, nunca perderá
esa capacidad de amar, que debe ser nuestro mayor don. Sé
que me vas a extrañar, así no comprendas por
ahora mi actitud.
Vengo herido y huyendo de corazones bucaneros que hicieron
jirones mis sueños. Recuerda que quién no prefiere
el exilio a la esclavitud, nunca será libre; y morirán
ahogadas sus velas en el azul salado, que se devora el traje
de acero de los caballeros del mar.
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En el espejo de nuestra alma, solo se reflejará lo
que este en nuestra imaginación, como un reino de sirenas
en el fondo del piélago. Muchas puertas nos pueden
conducir a la verdad, pero debemos golpear solo con fé
para que se nos abran. Estoy que exploto como una tormenta
en alta mar. Siento un océano de fuego por las venas;
no dejemos que se merme el flujo de nuestro corazón,
para caer en la muda de la desesperación. Me siento
pisoteado, burlado por personas a las que les brindé
amistad y afecto. En la casa de los ignorantes no se puede
reflejar nuestra luz, porque los murtes serán peores
que los cerdos. Ellos estarán condenados a vivir en
un terror constante durante los días y durante las
noches. Estoy desilusionado, desencantado, de las mujeres
que se manchan por nada con la tinta de la vida. No es fácil
convivir en una sociedad corrupta y permisiva, con líderes
y personas de barro que hieden. Ya mi espacio dejó
de ser oasis; ahora me siento cada día más extraño
por los senderos del mar o por las calles milagreras de la
vida. Solo las personas con luz y corazón grande, saben
agradecer cuando les regalamos una parte de nuestro corazón,
para ponerlas a salvo de los colmillos de los tajamares.
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