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El insomnio de las bestias del cielo es perverso, como los
secretos de las mentiras de la placenta. He danzado con estupor
en el infierno y en las noches barrocas, con la perfidia de
la escoria murte. La noche amortaja a las resurrecciones ulceradas
de los guijarros. Me he limitado a escribir palabras como
un muchacho torpe.
He intentado robarle tiempo a los relojes o simplemente detener
sus vagones. Amo a las abominables amigas, porque con ellas
perdí los mejores momentos de mi tiempo. A las guapas
les deseo: Suerte de loco. Me enamoré como los idiotas
o los presos, del espejismo de un hermoso cuerpo. Ahora desesperado
como un fugitivo, intento rehacer mi vida. Escribo los versos
que invento y escribo sobre el cuerpo de la mujer que amo.
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CARTAS
PUESTAS EN EL BUZÓN DEL AZAR (I) |
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Busco desesperado en la boca con sabor a sal, el placer silencioso
que sofoca los gritos. Acaricia la espalda y el arco que destrenzo
con la yema de los dedos del solsticio, hasta borrar la sangre
de la historia que escribimos .
Como el trébol idiota de los reyes que se inmolan en
estatuas, levanto las torres derrotadas del cuerpo. Soy impío
como los paridos por una costilla inquisidora. Respiro como
las pesadillas de los ritos de las vírgenes o la risa
del sol que golpea su inocencia. Si hubiera nacido en otra
época, no sabría si me hubiera salvado de la
hoguera o de la horca. Soy un demonio fruto de la caja de
Pandora. Algunos versos ininteligibles, toman café
o vino tinto, mientras se celebra el sacrificio ritual de
las crepusculares vírgenes. Un hombre se suicida por
culpa de la diatriba y por perseguir su honor al placer de
apuñalearlo como a una serpiente empinada. Me siento
químicamente impuro como la historia. Añoro
la taquigrafía, para no perderle el paso a los pensamientos.
Reconozco el suero de la genialidad de Brindisi, para revivir
a la vida de su desesperada agonía. Adjetivo como una
biblioteca despreocupada, así no alcance a tomar el
autobús, para recoger los últimos versos de
la imprenta.
La melancolía de los esclavos de la desnudez, gime
cual animales heridos por la traición. El fuego de
la sangre del príapo se transforma en mármol
oscuro, como el enrarecido acero que responde a la alquimia
del encanto pùbico de la madreselva. He ofrecido
mi mundo, a quién me rehabilite del veneno de la
manzana. ¡Sé que soy culpable! No me charlotees
más. La parte loca de mi vida murió, cuando
el destino me arrebató a la mujer que más
he amado. Soy más un ciudadano común que un
vago profesional, un bipolar o un poeta, así sean
casi lo mismo. Me financio con la inutilidad de mis sueños
y erogo como un gramófono: Versos obsoletos. No entiendo
al desequilibrio democrático que me margina. Creo
que he cumplido con todos los requisitos, para que el cielo
me niegue la visa. Estoy de acuerdo con la opinión
pública: La plática de mis versos es una mierda,
por culpa de la sensualidad de algunas imágenes y
por eso: Debo ser excomulgado. Hoy le pido de corazón
a Dios que alabe mi deshonra, para sentirme menos serpiente
o murte. Me siento como un inquisidor, bebiendo cicuta para
dormir en paz. Silba insomne el mar y los argasos de las
pútridas arenas. Como la pesadilla de la clepsidra
que despierta con el aroma del sexo fauno, la mano invisible
de la vergüenza de Dios, escribe a su antojo nombres
para restaurar el temor a su espada.
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Dicen los astronautas, que el universo gime como un cuerpo
burlado y al borde de un ataque de histeria. Amo lo indómito
de los adúlteros vagabundos. Soy como las silabas que
deciden el destino oscuro o luminoso, de nuestros intolerables
rugidos.
Soy un chacal que acecha con fuego, en la lenta cacería.
El futuro púrpura de los latigazos del hierro, hechiza
a la frialdad de las arenas del desierto. El escalpelo atosiga,
a la agonía del cautivo. Los fragmentos incandescentes
del rostro, cortejan al orgasmo de la antorcha.
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Sé que Dios ríe a carcajadas, cuando lee los
absurdos de mis desvaríos. Dejo que el laurel de mis
manos claudique, sobre la espesura de la fronda.
La pradera geométrica del rictus carmín, hereda
al alucinante jaque mate de las luciérnagas y de las
mariposas.
Suena el teléfono y las hormonas de mis suspiros, arden
cual teas de ilusiones. Tu voz siempre trae la alegría
de las ilusiones de la primavera, dentro de un talego de quimeras
y utopías. Tus palabras me ponen a volar a más
de quinientos grados, que es la temperatura ideal del placer.
Através de los mares de las noches entre claroscuros,
lágrimas, besos y semen, la ciudad se devora a la belleza
de las bellas; brujas a las que la alquimia reduce a escoria
murte o simplemente, deja que se las devore el orín
murte de el túnel diabólico del tiempo. Los
labios de sus miradas, gozan de todo el desencanto como el
filo de una cuchilla suicidadora. Ahora que vivo muerto, comprendo
a la filosofía que nos legan los difuntos y a los absurdos
versos, de algunas de sus miserias. El amor se deshoja, para
conservarlo en alcanfor. Nuestros promiscuos besos sin bozal,
demuelen lo construido por cupido. Las ilusiones enfermas
cicatrizan con dificultad. ¿Dónde están
los poetas que necesita la vida? Pretendo vivir como un Rey
a mi manera, pero vivo en deuda con dios y con la izquierda,
mientras con la derecha escribo la palabra primavera y toreo
al natural con derechazos a la vida.
No reserves tus mimos para amores a destiempo. Dime que tu
lengua no esta jugando con mis sentimientos. Dejo que me atrapes
y me desees con pasión y sencilla audacia. Cómo
me duele la ausencia de tu piel, cuando te vas sin un hasta
pronto. La vida se alarga con esos besos que van un poco más
allá de la medianoche y madrugan cual semillas, para
que no las pise el tiempo en época de germinación.
La muerte es un efímero pensamiento, largo como la
agonía en un insomnio.
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