Como cada vez comenzando el mes de noviembre, los niños
salían a pedir dulces todos en grupo de acuerdo a las
costumbres del vecino país adoptadas como propias,
incluidas en los nombres de las personas y en muchos términos
de su lenguaje cotidiano, por prácticamente todos los
habitantes de la frontera Norte; Paúl, que así
se llama el protagonista de este escalofriante cuento, contaba
con apenas nueve años pero, a pesar de ello, era un
niño de una inteligencia asombrosa para su corta edad;
casi desde que tuvo uso de razón, comenzó a
soñar con volar como ave por las nubes; por lo cual
poco tiempo después, comenzó a coleccionar aviones
juntándolos de todos tamaños, y que eran a su
vez la envidia de sus amigos de la cuadra; resolviendo algo
más adelante en su mente todavía infantil que,
un día, habría de partir de su pueblo natal
a San Antonio Texas para así poder estudiar la carrera
de piloto aviador.
La Villa donde vivía por esos tiempos, era muy pequeña
y era asimismo parte de un municipio situado hacia la frontera
Norte del estado de Coahuila; el poblado apenas contaba con
una escuela secundaria, mucho menos iba a tener una escuela
de aviación; así, sin más remedio, pensó
siendo un chiquillo apenas de seis, algún día
tendría qué salir lejos de la pequeña
población si es que en verdad quería realizar
su más grande sueño.
Esa noche de brujas, Georges, su mejor amigo, pasaría
por él acompañado de otros camaradas del mismo
barrio; eran aproximadamente las siete de la tarde cuando,
Paúl, ya desesperado por la tardanza del grupo de compañeros
de juegos, se asomaba cada minuto por la ventana de su habitación
la cual daba hacia un gran parque a un lado de su casa, en
el momento en que, de pronto, vio a unos metros de distancia
a otra palomilla de niños quienes gritaban al mismo
tiempo frente a la casa de unos vecinos, al otro lado de la
calle:
-¡Dulce o travesura!...-.
Más grande fue su desesperación al ver aquello
a la distancia, así que verificó los últimos
detalles del bulto hecho por él mismo debajo de las
cobijas las cuales movió un poco, para terminar de
hacerlo parecer su cuerpo acurrucado entre las sábanas
dando las espaldas a la entrada del cuarto, en seguida arregló
los cabellos de una peluca colocada sobre un bulto fabricado
con sus pijama, y fue hasta la puerta para apagar la luz y
ver por última ocasión su obra tan realista;
luego, regresó hasta la ventana para, asido fuertemente
de una estructura de malla sosteniendo las gruesas enredaderas
las cuales rodeaban la casa, descolgarse sigilosamente hasta
el jardín; una vez abajo, se dispuso ir al encuentro
de sus amigos a quienes no tardó en encontrar; en cuanto
estuvo con ellos,en seguida les comentó que ya era
un poco tarde para ir a pedir dulces pues, otros grupos de
niños se les habían adelantado; y echando de
menos a Georges, quien no se encontraba entre el grupo, preguntó:
–No veo a Georges… ¿sus papás no
le dieron permiso de salir a pedir dulces?...-
Y Gaetano, el mayor de ellos, les informó:

-Al parecer no lo dejaron salir pero…a
mí tampoco me dieron el permiso…y me escapé…-,
terminó en tono de orgullo.
Paúl por su parte, dijo:
-¡Yo también… mi madre dice que es peligroso
salir esta noche pues… según ella… el
diablo anda suelto!…-,aseveró causando con
ello un escalofrío entre los demás chiquillos
que lo oían.
Pasado el susto, Gaetano volvió a hablar dirigiéndose
a Paúl:
-Pensamos que Georges estaba contigo… fuimos a su
casa y nadie salió…-.
Por toda respuesta éste, les pidió que se
adelantaran, él iría por su amigo; y apresurado
se echó a correr rumbo a casa de Georges, no sin
antes ponerse de acuerdo donde se encontrarían.
Transitando por un lugar desolado y muy oscuro, un estremecimiento
se apoderó de él al sentir un viento helado
recorrer su piel, y pensó para si:
“Mi Grand Mother decía que… cuando uno
siente esto que acabo de sentir… es porque ha llegado
el momento de nuestra propia muerte…-.
De pronto, un ruido lo dejó paralizado; al pisar
las hojas secas de los árboles y oírles crujir,
a la vez que una de las ramas rozaba su pantalóny
un ruido extraño parecía venir desde las copas
de los árboles circundantes, sintió terror
y apuró más el paso, para después correr
a todo lo que daban sus largas y delgadas piernas; no paró,
hasta encontrarse frente a la puerta de la casa de su amigo;
luego de descansar unos instantes pegando las espaldas a
la puerta y viendo así que nada pasaba, más
tranquilo ya se pegó del timbre sin obtener respuesta,
y pensó:
“Qué extraño… tanto que me insistió
Georges que saliéramos… para que nos haya dejado
plantados...”
Lo curioso del asunto, era que las luces de la casa estaban
todas encendidas; inclusive los adornos de noche de brujas,
todo; y desalentado, comenzó a retirarse del lugar
aunque, de pronto, algo lo hizo voltear hacia la ventana
del segundo piso; para su sorpresa, un pequeño le
saludaba agitando su manita y él le contestó;
su rostro se iluminó y se dispuso a insistir exclamando
para sí mismo:
-Es Georges… lo sabía… no podía
dejarme plantado…-, y regresó sobre sus pasos
pero, al pegar de nuevo su manita sobre el timbre, se dio
cuenta que la puerta estaba apenas abierta; en ese momento
pensó que su amigo había bajado a abrirle,
y lentamente se introdujo al interior de la gran casona;
primero se encaminó a la sala y se sentó a
esperar a su amigo como ya tantas veces lo había
hecho, más de pronto, escuchó un gran golpe;
la puerta se cerró sola, haciendo un ruido ensordecedor;
en seguida escuchó como daba vueltas el cerrojo,
como si alguien hubiera puesto llave.
El temor lo invadió nuevamente, y un escalofrío
volvió a recorrer su delgado cuerpo; con mucho temor
dentro, llamó con desesperación a su amigo
sin obtener respuesta alguna:
-¡Apúrate Georges… ya es tarde!... ¿en
que quedamos…no que íbamos a ser puntuales…
eh?...-, y siguió como armándose de valor,
adentrándose al mismo tiempo en la casona:
-¡Pero ya veras en cuanto bajes… te daré
unos buenos zapes… y si lloras… te meto otros
más!…-, obteniendo un silencio sepulcral como
respuesta.
Y, al estar frente a la recamara de su camarada, aventó
la puerta antes de entrar de un salto con la clara intención
de sorprenderle, dándose cuenta de inmediato que
la recámara se encontraba vacía; todo estaba
como si Georges no hubiera dormido ahí por largo
tiempo, ni tampoco nadie hubiese entrado; el polvo cubría
el piso y los muebles del lugar, con lo que las huellas
de sus pequeños zapatos quedaban marcadas en el suelo;
por su lado, la pequeña lámpara del buró
se encontraba encendida; y pensó en seguida:
“Seguramente Georges… me estaba queriendo jugar
una broma…”
Y se dispuso a esconderse en el armario para ser él,
quien sorprendiera al otro; sin hacer ruido, abrió
sigilosamente la puerta y penetró dentro del viejo
ropero; al cerrar desde dentro, sintió que algo helado
lo sujetaba fuertemente del brazo, invitándolo al
mismo tiempo a callar:
-¡Sh!...¡no hagas ruido… ella se encuentra
aún aquí!...-.
Sin comprender absolutamente nada Paúl, preguntó
a su amigo a qué jugaba, mas Georges, no dejaba de
temblar y de sollozar quedamente, por lo cual el primero
preguntó, no sin sentir cierto temor:
-¿Qué pasa Georges… estás de
broma?...-.
De pronto, escuchó un ruido como de algo que se arrastraba
y, al mirar por el hoyo de la chapa, pudo darse cuenta que
una mujer estaba frente al armario; su piel era tan pálida,
que parecía ser un fantasma; sus cabellos largos
y despeinados, no dejaban apreciar muy bien las facciones
de su rostro; sus manos delgadas e igualmente pálidas,
temblaban al momento de sostener una cuerda de nailon entre
los dedos.
Fue en ese momento cuando Paúl, sintió lo
que era el verdadero terror y, temblando de miedo junto
al otro, se refugiaron ambos en una esquina del oscuro lugar
oliendo a humedad.
Afuera, muy a la distancia, se escuchaban los gritos de
los niños pidiendo dulces a cambio de no hacer alguna
travesura; cuánta razón tenía mi madre
al negarme el permiso de salir, pero ya era tarde, pensó,
sin embargo, ahora tenía que salir de esta. Y así
sin comprender que es lo que estaba sucediendo en casa de
su amigo, estiró los brazos para alcanzar un suéter,
el frío que se sentía en el lugar le estaba
congelando hasta la médula de los huesos, -algo muy
extraño, pensó, la casa contaba con calefacción,
sin embargo él sentía congelarse, al momento
que sintió que algo pesado caía sobre él,
se trajo una caja de metal, haciendo un ruido ensordecedor,
para de pronto escuchar nuevamente el ruido de la puerta
abrirse de golpe, para después ver a la misma mujer
dirigirse al armario y de un fuerte golpe lo abrió.
Ellos gritaron al ver a la mujer amenazante
que con el odio reflejado en su demacrado rostro, los sujetó
de las manos, arrastrándolos hasta llegar a las escaleras
del gran sótano, para después aventarlos al
mismo y cerrar con llave la puerta. Georges, no dejaba de
llorar gritando:
-¿mis padres, donde están ellos, y mi hermanita?
Esta mujer los asesinó, en ese mismo momento Paúl
comprendió que estaban en un grave peligro. –No
recordaba haber visto a los padres de su amigo al llegar,
es más ni siquiera los conocía, su amigo era
quien lo visitaba cuando se daba sus escapadas al caer la
noche, más de pronto, recordó que al llegar
vio el coche y la camioneta estacionados en el pórtico
de la casa. Por cierto, cubiertos de polvo, al igual que
la recamara del amigo –En ese momento se le ocurrió
un plan, - levántate Georges, se me ha ocurrido un
plan.
Y como pudieron trataron de llamar la atención
de la mujer, para hacerla venir, y se pusieron a gritar
a todo lo que daba su pequeña garganta, sin conseguirlo.
Así pasó un par de horas cuando de pronto,
escucharon un fuerte ruido que provenía de arriba,
al momento que la mujer aventaba un pequeño bulto
que rodó por las escaleras, ellos, gritaron de miedo
al ver que se trataba de su amigo Gaetano, es el cadáver
de Tano, como le decían ellos. Se dijeron entre sí.
Al momento que escucharon un fuerte grito que provenía
de afuera, la mujer llamaba a su hijo, en un lamentable
grito, que logró hacer eco en la gran casona. Y por
las palabras que alcanzaron a escuchar, se refería
a su hijo muerto.
¡Mi hijoooo!
Paúl, buscó la manera de escapar, husmeando
por todo el sótano. Más era imposible, la
única y diminuta ventana que veía, estaba
rodeada de una reja de hierro, no creía tener la
fuerza para derribarla, buscó a su alrededor algo
en qué trepar, más de pronto sus azules ojos
se posaron sobre un viejo baúl, y dirigiéndose
a el, olvidó de pronto la única esperanza
de escapar del tétrico lugar. Limpió con un
pedazo de tela envejecida por el tiempo, el polvo del viejo
baúl, y al ir abriéndolo lentamente se dio
cuenta que estaba lleno de fotografías de la familia,
comenzó a contemplar una a una, en ellas había
fotografías de la hermanita de su amigo, y por medio
de ellas fue conociendo a los padres de Georges, a lo cual
solo conocía hasta ese día, pequeños
detalles cuando su amigo le hablaba de ellos, Había
llegado a quererle a pesar de que era algo taciturno, Georges
lo había recibido al llegar al barrio hacía
ya un año, y desde entonces no dejaba de visitarlo.
Más de pronto sus ojos se detuvieron
en una de las fotografías. Ella tenía que
ser la madre de su amigo, lo tenía cargado en sus
brazos. Si, era ella, no comprendía el por que esa
mujer le parecía conocida. Quizá algún
día la había visto cuando llevaba a su casa
a Georges, y de pronto un escalofriante grito lo hizo reaccionar.
Guardó rápidamente las fotografías
para correr hacia las escaleras y escuchar con claridad,
que es lo que la mujer después del gran grito murmuraba,
como si rezara, pero en otro idioma que él desconocía.
De pronto, el silencio de la noche se dejó escuchar.
Y claramente Paúl, escucho gritos que provenían
de afuera de la gran casona, eran sus amigos que los llamaban
por su nombre, para con rapidez arrastrar con la ayuda de
Tano, quien en ese momento se estaba incorporando poco a
poco. La mujer lo había encontrando merodeando la
casa buscando a sus amigos, que al ver que no llegaban,
decidió ir en su busca.
Y trepando al baúl se asomó
a la pequeña ventana para a la vez gritar a sus amigos
en petición de auxilio, más fue en vano. Ellos,
se encontraban retirados, del otro lado del sótano,
había sido imposible su gran esfuerzo.
En eso, se dejaron escuchar a lo lejos las sirenas de algunas
patrullas que no pararon de hacer ruido hasta postrarse
frente a la gran casona. Y derribando la puerta penetraron
con armas en mano, unos oficiales en busca de los muchachos,
los cuales gritaban jubilosos de saberse rescatados de la
peligrosa mujer, que ya uno de ellos llevaba esposada por
delante. Fue en ese mismo instante que Paúl y Gaetano,
repararon en la ausencia de su amigo. Georges, que no encontraron
por ningún lado.
Ya en la delegación de policía
y abrazados de sus padres se sintieron seguros , y muy arrepentido
de haber desobedecido a su madre Paúl, les pidió
perdón, muy arrepentido, nunca más los desobedecería.
Esa mala experiencia, no la olvidaría en toda su
vida, más lo que escucharon de los labios de la misteriosa
mujer los dejó helados.
Y en ese momento Paúl, se dio cuenta
que la demacrada y desquiciada mujer era nada más,
ni nada menos que la mujer de la fotografía, quién
precisamente tenía cargado en brazos a su amigo Georges.
Hacía un año, la pobre mujer
había perdido a su esposo e hijos en un accidente
automovilístico, cuando en esas fechas de Halloween
se dirigían a pasar unas merecidas vacaciones al
Sur del País, cuando intempestivamente un trailer
los arremetió, perdiendo la vida todos sus miembros,
a lo cual solo ella se había salvado. Y no queriendo
aceptar la realidad y perdiendo la razón había
acudido a la guija con lo cual había logrado traer
la presencia de un ente venido de ultratumba, el fantasma
de Georges Schuberth. Ya nada era igual para él,
cuanto lo extrañaba al caer la noche, Georges era
su confidente, al cual le contaba sus grande sueños,
nunca logró olvidar a su gran amigo y aunque habían
pasado los años, y él se había convertido
en un gran piloto aviador le recordaba con cariño,
al paso del tiempo había invertido sus ahorros en
“La Casa de Schuberth”, como se apellidaba su
gran e inseparable amigo.
Y en la cual vivió muy feliz a lado de su bella esposa.
Contaban sus compañeros, que siempre le veían
a su lado, aún al paso de los años, el fantasma
estuvo presente en su graduación, aunque él
nunca más volvió a verle. Lo que si recuerda
bien, es que en una ocasión, después de una
noche de juerga y sin haber dormido, el avión se
desplomó cuando hacía sus prácticas
y fue, precisamente Georges quién le despertó,
salvándole la vida.