legar a ti como quien llega
hasta la orilla misma de la playa,
al encuentro desnudo con las olas
que en plenitud estallan.
Llegar y sumergirme
en el sabor oceánico que mana
desde tu transparencia,
cristalina abundancia.
Y desde ti, de nuevo,
regresar hasta mí por tu mirada,
hasta reconocerte nuevamente
en esa luz que llama;
que, líquida, se funde y se reinventa
en voz, en miel, en lava.