No tienes por qué escapar
ni descender.
Tus pasos diligentes dejan un rastro de sangre
como si de flores de tratara.
Dios no te ve.
Bajo el sol de febrero hay sangre. Sangre luminosa.
Si despiertas significas olvido y desnudez.
La imagen de dios no se refleja en ti.
Derramada la cera de los cirios en la liturgia añosa.
Él no te observa ni se convence de tu pureza.
Tú y él la irrealidad. La noche interminable.
No te defiende y te deja caer.
Para ti sólo existe el Deseo.
Dios no te escucha. Dios no te dice:
“Por tus palabras hablaré.
Tus manos serán mi instrumento.
Tu nombre el mío. Serás yo”.