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En
el sueño un hombre muere
vacía su voluntad de la conciencia de estar vivo
La mujer en cambio en la vigilia
asienta su reino: en ese fluir del duermevela
Cuando un hombre se rinde
al sueño el mundo fuera y dentro desaparece
La mujer por contra construye
sutiles lazos oníricos que le atan surreal a la vida
Por eso un hombre cuando despierto
se espanta con los delirios que la mujer le inventa
Ellas no obstante cruzan entreveradas
por estancias nocturnas que en el día jamás
vislumbran
Cuando un hombre muere
sabemos realmente que no volveremos a verlo
La mujer sin embargo no es seguro
que parta nunca: alguna tarea tendrá de última
hora
Por eso a veces en la madrugada
por la cocina o a los pies de la cama presentimos
la extravagante agitación de haber oído
un rumor de platos o alguien que cálido nos arropa
Eso sí en tanto seamos muchachos
y guardemos con la madre un vínculo secreto
De hombres ya es otra cosa:
en cuanto nos tumbamos a dormir morimos
La mujer en cambio permanece alerta
(Del libro Óxido de calcetín
[2008-10]. Inédito)
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