Nunca fuiste tan lejos
como para que nadie se ofreciera
a decirte la hora sin pedirla,
señalar un destino consecuente
al ritmo de tus pasos
o a herirte con un gesto de saludo
igual que el dia en lo mejor del sueño.
Y tú
que hoy ya lo sabes y entre tus papeles
conservas siempre un plano y un billete
sin cerrar de ida y vuelta
avanzas por tu calle con prisa de día libre,
avanzas por tu calle
con prisa de tijera pequeña por un pliego
de cartulina blanca.
(Alrededor
vuelan su disidencia dos palomas
y el tráfico atropella los semáforos
como a perros sin dueño
que se desangran junto a las aceras).
Ahora
ves que los ojos que desconocías
te observan fijamente, se detienen
un rato frente a ti y reproducen
tu imagen por encima de ti mismo
como ese espejo fiel donde te agrandas.
Y entiendes
que el mundo es eso: un paisaje absurdo,
dentro de una pecera, entre tus manos.
(De "Lugares para el exilio",
(Accésit del Premio Adonais 2001) |