La
segunda piel suspendida,
tu pulso precipitado
sobre el pentagrama
como la rúbrica
que alumbra mi pluma dócil.
Te diría que en mis oraciones
hay savia y licores,
pero no tengo fe para darte.
El beso sobre la llama
que se interpone entre los dos
se diluye formando una isla.
Los pliegues de la piel
anuncian ritos con fuego
que heredamos de antepasados.
Todo queda suspendido en el aire;
todo se repite,
nuevamente, entre nosotros.
Del
poemario "La nostalgia del caníbal"