¿Qué nos sostiene en el desastre
cuando el plomo arrasa
el corazón
y
lo lamina?
¿Qué sonido quiebra,
qué palabra socorre
y se hace fuerte cuando todo
tiemble?
Vendrá el frío
y del abrazo sólo quedará
sombra
humedecida.
Vendrá trayendo hiedra
y se engarzará en el latido
hasta que apenas sea audible.
Y el desastre refulgirá
-único en su potestad-
arrollando el propósito.
¿Qué aliento,
qué
presencia
sostendrá entonces
el cuerpo derrotado?.