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Es más bella la luz de la partida.
Al partir amanece el mundo entero
con un albor insólito y primero.
Las calles, la ciudad, la propia vida
brillan con un fulgor de amanecida,
de historia que comienza, de sendero
que discurre entre árboles. Prefiero
sobre todo pecado el de la huida.
Llegar a otro lugar para olvidarlo.
No conocer pasión que no me lleve
a la oscura belleza de la fuga,
pues si el mundo es hermoso debo amarlo
con la propia cadencia que lo mueve
y con la liviandad que lo subyuga.
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