Para Hipólito G. Navarro
La mujer que se sentó
a mi lado, tenía el pelo
rojo, los párpados azules,
las uñas grises y los labios
verdes. Fumaba sin parar
cigarrillos rubios, largos
como sus piernas del color
de la noche. Llegaba tarde
-me dijo-, a la cita con su
psicoanalista. Pensé
en él, muy detenidamente. |