| VACACIONES |
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No hay demasiadas cosas que merezcan la pena.
La carne es triste, digan lo que digan.
Y por lo que se refiere a los libros,
la rentrée no promete emociones sin límite.
Doy paseos, escribo algunos días.
Ayer vi una gaviota en el balcón:
me miraba con cierta impertinencia,
como si ella pensara que el que sobra soy yo.
Por las tardes se oye llorar a un niño arriba
-creo que en el tercero-
que no es, al parecer, muy partidario
de la siesta. Yo sí.
Quizás fuera posible algún acuerdo.
De noche nos tomamos una copa
en algún pub amenamente hortera.
Nos volvemos en taxi. A veces llueve.
Pienso antes de dormirme
que la hipermetropía espiritual
se sufre en vacaciones tal vez más que en invierno.
Esa incapacidad para fijar el alma
en las cosas cercanas, en la distancia corta,
es muy propia de agosto,
pero me va dejando año tras año
una especie de tedio en la retina.
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