| Adolfo Marchena:
Un libro donde, cada poema va acompañado de una fotografía
relacionada con la ciudad o su entorno. El fotógrafo
Aurelio Torrecilla es el encargado de la imagen, además
de tu compañero. ¿Cómo se cocina con
tanto ingrediente?
Aurora Nieva: Desde el principio
teníamos claro que queríamos un libro donde
la imagen acompañase a la poesía. En cierto
modo, también quería darle voz a mi compañero
Aurelio, y su evolución en la fotografía. El
proceso ha sido costoso ya que, cada fotografía, se
ha escogido para un poema concreto. Y así con todos.
Muchas de las fotografías se sacaron con el único
fin de acompañar a un determinado poema. Que no fuera
algo aleatorio. Al abrir el libro lo primero en lo que te
fijas es en la imagen, que te invita a leer el poema con otra
perspectiva.
A.M.:
Como le sucediera a Benedetti, también buscas o necesitas
desentrañar el misterio de lo cotidiano.
A.N.: Me gustan las cosas sencillas,
en la vida y en la literatura; en las personas, en todo. Descubrir
la belleza en esas pequeñas cosas. También soy
muy detallista, algo que no sé si se refleja en mis
poemas. Muchas veces lo cotidiano es aquello que ignoramos.
Lo tenemos ahí, viaja con nosotros y está en
esos pequeños detalles del día a día.
Por eso, hay que desentrañar su misterio y yo lo hago,
siempre que puedo, escribiendo poesía.
A.M.: No te cortes significa también
atrévete o hazlo. Una expresión muy frecuente
en la jerga de los años ochenta. Sin embargo, los poemas
que componen el libro tienen otro carácter o tono,
si prefieres.
A.N.: El título no es una
continuidad de los poemas que se incluyen en el libro. Pero
es que, considero que no es necesario. La poesía no
está atada a la lógica. La poesía es
libre. Por eso busqué un título contundente
y que expresara atrevimiento. Y también la necesidad
de arriesgar, siempre con ciertas precauciones. Recurrí
a una expresión como No te cortes para manifestar todo
esto. Podría decirlo de otra manera pero no sería
lo mismo, evidentemente. Como anécdota, Aurelio y yo
rompimos un espejo para elaborar la imagen de la portada y
le dije: sin cortarnos.
A.M.: La nostalgia y el pasado son
temas recurrentes en tu poesía. Qué habita en
esos patios de colegio, en los juegos o las risas en el recreo;
en definitiva, en Aurora Nieva.
A.N.: Aunque soy mucho de aquí
y ahora, reconozco que me gusta echar la vista atrás
y muchas veces surge la nostalgia. Creo que la poesía
sin nostalgia perdería su memoria. Pero ya digo, me
gusta vivir el presente y no creo que cualquier tiempo pasado
fuera mejor. Otra cosa es que nos agrade recordar esas escenas
del pasado que nos hicieron felices. La niñez, sobretodo.
Al menos en mi caso. Son momentos, como un rincón,
cuando lo necesito. Pero, me repito. prefiero vivir el momento
y disfrutar con un café en buena compañía.
A.M.: Uno de los versos del poema
La ciudad, de Kavafis dice que: La ciudad siempre irá
en ti. ¿Qué representa y aporta la ciudad en
tu poesía?
A.N.: Me gustan las ciudades y,
por supuesto, ver y conocer todo lo que atesoran. Pero necesitamos
un lugar para vivir; el mío es Vitoria. Creo que no
podría vivir en otro sitio aunque mi hogar es el camino.
De todas formas no sólo me conformo con la ciudad;
necesito también de la naturaleza. Y este sentimiento
lo reflejo en muchos de mis poemas. Ciudad y naturaleza van
unidas.
A.M.: En la cuarta y última
sección en la que está divido el libro y que
lleva por título Sentencia al opresor, alegas contra
la violencia (las guerras, el maltrato, etc.) y, concretamente
en dos poemas, aparece la figura de un “sin techo”.
¿Reivindicación o acaso sea esta una palabra
con la que se trafica demasiado?
A.N.: En todos mis libros, donde
no sólo abarco una temática, me gusta incluir
poemas de carácter social. La reivindicación
es necesaria en su momento y ha de ser realista. En el sentido
de que debes saber de lo que hablas. Por ejemplo, la fotografía
que acompaña al poema Cómo te llamas, refleja
las manos de una persona en la calle. Nos detuvimos a charlar
con él y fotografiamos sus manos y él nos obsequió
con una de las pulseras que hace con hilos de colores. Me
gusta tocar problemáticas como el alcoholismo o, como
has dicho, criticar el maltrato o, como suelo decir: soñar
un mundo sin guerra. Y sí, a veces hacemos un uso inapropiado
de la palabra y la reivindicación se convierte en una
causa personal. Y otras veces, por reivindicar, te acusan
de antisistema, por ejemplo.
A.M.: Cada ciudad tiene su arquitectura.
La pandemia ha trastocado y cambiado muchas cosas, desde la
mentalidad –me atrevo a decir- a la economía
o la cultura. ¿Cómo ha afectado todo esto en
tu ciudad y la poesía?
A.N.: Evidentemente, la actividad
ha sido nula pero ahora, de repente, ha despertado la bestia.
Como si saliésemos de un atasco que ha durado días
y encontráramos la carretera despejada en miles de
kilómetros. Imagínate; pisaríamos el
acelerador a fondo. En mi caso no he percibido cambio alguno.
Tal vez por la alegría que me da volver a la actividad.
Ahora, veo que no sólo me sucede a mí; todos
estamos viviendo un momento de euforia.
A.M.: Con el libro ya en las librerías,
qué capítulo te toca escribir.
A.N.: Ahora mismo centrarme en este libro y disfrutarlo, o
lo que pueda surgir. Afrontar todo lo que conlleva una nueva
publicación: su distribución por librerías,
presentaciones, prensa, ferias, etc. Con este libro estoy
viviendo situaciones nuevas y diferentes respecto a Pétalos
transparentes o El cortejo de la libélula.
Aurora Nieva concluye con el agradecimiento a cuantos han
formado parte de la elaboración de este libro: Si me
permites, quisiera agradecer, en primer lugar, la colaboración
de Michel Martínez Vela, cuya pintura de contraportada
es suya. También al escritor Ángel de Lucas,
por su quehacer en el grupo literario del Parnaso y por sus
consejos en las correcciones, así como al editor Ángel
Marcelo, que apostó por mí desde el primer libro.
Sin olvidar a la escritora Pilar Lloves, por su apoyo incondicional.
Me gustaría hacerlo público y no olvidar que,
aunque el camino del poeta es solitario, siempre, siempre
hay alguien que aparece y nos acompaña, aunque sea
durante un breve trecho.
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