Llega
por sorpresa, impuntual
y casi inoportuna.
Basta un giro de luz, una palabra
amable, nuestra propia respiración,
una boba melodía… y acontece.
Es la certeza de estar siendo feliz.
En medio del caos, en mitad
de la nada. De una vez
y para siempre, feliz.
Absurdamente feliz.
Tan dolorosamente feliz
que parece lógico.