Escucho
tus silencios
-
desde
tus noches de insomnios-
como ruedan en la caída de las estrellas
con temor a que no les roce la luz.
Mientras tú haces torres y muros
de mundos que no existen.
E invocas las lluvias que te devuelva el arco iris
de los días que no han sido señalados en el
calendario.
Escucho tus silencios
-desde
aquellos días que no han tenido ningún cielo-
Se lamentan por la falta de las palabras
que hubiesen podido tejer mi poema.
Mientras tú recoges vilanos
y les robas la ilusión y el vuelo
para clavarlos en un deseo sin cumplir.
Luego invocas la desmemoria
de los días que habrían podido existir.
Escucho tus silencios
-a
lo largo de un instante-
y hay tanta pena en ellos
que el tiempo rehúsa medirlo
por temor a no romperlos.
Escucho tus tozudos silencios
como ruedan por el cauce de las lágrimas.