No
hay luz de estrella que pueda acariciar su cielo.
Ni siquiera las luciérnagas conocen sus jardines.
Si, por azar, vas a pasar por allí
tienes que vestir de apariencias,
sin apartarte del sendero de trasluz;
No abrir los ojos.
—Cualquier
tipo de destello es peligroso.—
Cualquier movimiento tiene que ser pensado
y sumiso a la gimnasia del ballet
—de
cualquier soplo puede surgir un vendaval.
–
No hables
–allí,
solo habla el fantasma del Eco-
Y, si llegas a la fuente del mito,
aléjate enseguida
el juego de los espejismos siempre es mortal.