Permite
que
mi cuerpo vuele
que
mis pies bailen
que
las brasas calienten
que
las ascuas sigan incandescentes.
Deja que iluminen toda penumbra
que
toda voz sea inoculada
y
no sea sorda
y
no sea ciega
y
no sea muda
y
no sea invalidada
y si el mar repica campanas sin campanario
que
voltee las aguas
que
levante las olas
y sean sombra débil,
máscara de media luz enrojecida en la zona-momento
del ocaso.
En completo silencio entero, roto,
por la fuerza del agua y el rastrear de los cangrejos,
que
sea la voz
que
sea la oscuridad
en un instante válido.