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Yo tuve una infancia pequeña.
Yo tuve una infancia de nidos. Bajo los aleros, en troncos
secos, en las ramas altas.
Yo tuve una infancia de pinos sangrando resina.
De álamos con viento, chopos en hilera, montaraces
encinas. Y cipreses.
Yo tuve una infancia de agua. El Duero, el canal, el arroyo,
las fuentes, los pozos, la presa, el molino…
Yo tuve una infancia de barro y de hielo.
En las noches de invierno se helaban los charcos
y el agua en los baldes, se helaba el arroyo…
Yo tuve una infancia de juegos sin juguetes, muchos sueños
y algún libro viejo.
Yo tuve una infancia de escuela de niños. De rezos,
de cánticos.
Yo tuve una infancia de domingos y fechas señaladas.
Una infancia de ruinas, un pasado que todos callaban
y un futuro lejano como los yesos que brillaban al sol en
los páramos.
Una infancia pequeña y castellana.
Un día abandoné el pueblo y deje en él,
olvidada, mi historia.
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