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Hay lugares donde nunca
volveremos a hacer el amor
y parajes que veremos con ojos ajenos.
Es así la vida. Y los recuerdos, la memoria de otros,
asumidas mentiras que a veces nos creemos.
Yo te miré a los ojos cuando el sol los doraba
sobre las cúpulas azules
y el cuerno de la dicha.
Te miré a los ojos.
Y eran agua, y eran oro.
Eran promesa
que se cumple cada noche
al navegar el estrecho que separa dos continentes
en un mismo corazón.
Entre dos mares nos amamos
para recordarlo ahora
en esta bruma de realidad y deseo
donde nos instalamos en las tardes de otoño.
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