Gracias quiero dar por los tres mil millones de mujeres que
habitan esta tierra,
por los seis mil millones de manos de mujer que cambian o
cambiaron el mañana,
por los miles de mujeres que con sus bocas de mujer gritaron
contra la guerra,
por los cientos de mujeres que con sus voces de mujer se dejaron
la garganta,
por el bigote y la pasión de Frida Kahlo,
por los mandarines de Simone de Beauvoir,
por las flechas y el arco de Juana de Arco,
por las claras palabras de Clara Campoamor,
por el radio y el polonio de Marie Curie,
por los libros de Jane Austen y Mary Shelley,
por aquellos discursos de Susan Anthony,
por la paz que desata Malala Yousafzai,
por el viaje espacial de Tereshkova,
por la esencia, moda y clase de Coco Chanel,
por Virgina Woolf y su habitación propia,
por la voz sin aliento de Nina Simone,
por las curvas y edificios de Zaha Hadid,
por Jane Goodall, de tantos chimpancés la tata,
por Rosa Parks y su coraje en Montgomery,
por Gloria Fuertes, por su humor y sus corbatas,
y por aquellas tantas otras que no enumero,
por aquellas que son hijas, madres, abuelas,
por las que caen al fango y empiezan de cero,
por mujeres hechas de color y acuarelas,
por "las putas", "las zorras", las "mujeres
florero",
por mujeres cualesquiera, mujeres sin nombre,
por mujeres poetas, por las sin sombrero,
por mujeres que nacen con cuerpos de hombre,
por mujeres aún por mí desconocidas,
por aquellas que forman parte de mi vida,
por mi madre y por la madre de mi madre,
por Ada: mi amiga, lo mejor de mi vida,
por el cuerpo y la belleza de Afrodita,
por la inteligencia de Hipatia de Alejandría,
por las féminas fuertes antes que bonitas,
por la Mujer, amado espectro de color y valentía.