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poema de  Juan Francisco Quevedo

EPÍLOGO




Desperté sobresaltado en la noche
agarrado a una sábana arrugada.
Abrí los ojos y no había nadie.

                                            Ni yo mismo.

Me hallé perdido en medio de la nada.
Seguí las huellas de mis propios pasos
grabados en la inmensidad nevada.
Arropado en la extensa madrugada
por una luna aterida de frío
descubrí mi esqueleto congelado
ofrendado en sacrificio a la muerte.

Como ya hicieran mis antepasados.

Me fundí con aquellos huesos sin piel,
me acurruqué en cuclillas, me abrigué
y me preparé para morir en paz.
El hilo que me ligaba a la vida
se rompió y las viejas cuentas del collar
se desperdigaron entre la nieve.

Reposan junto al sedal del olvido.

Poemas seleccionados por el poeta © Juan Francisco Quevedo, para su publicación en la revista mis Repoelas:




El sedal del olvido


Epílogo


 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras