Mi padre con sus manos de panadero
amasaba el pan, fruto para la lengua humana.
Sus manos, alburas bíblicas de harina.
Esponjosas, tiernas ramificaciones del obrero.
Dedos que construían puentes entre los
edificios de azúcar
para la boca de los niños.
Sus manos destructoras, demoliendo a la madre,
machacando al ente.
La guerra.
Mi madre con un paño blanco detrás de la trinchera.
Ángel exterminador
intentando malear a la escultura.
El buen hombre que horneaba el pan al vecindario.
El demonio que me enseñó a sobrevivir.