|
Tengo
un corazón
que cada noche reza
en una esquina de mi salón,
insumisa e inquieta,...
porque los árboles sean árboles,
y no cemento nutrido,
que sus raíces no desfallezcan.
Que la montaña declame sus dones,
que el bosque no envejezca,
que las aguas de los ríos
consigan llegar al mar,
sin ser aguas turbulentas.
Tengo un corazón que sangra
por su arteria principal,
que les da de beber a las aves
que por los cielos vuelan,
que a los pajarillos
una leyenda cuenta,
y en su mano, unas migajas de pan
les da de comer para que no mueran.
Tengo un corazón, tengo,
de mieles y de almendras,
que lloran sus ojos al contemplar
cuánta miseria.
¡Que viva la Naturaleza
siempre en nuestros sentimientos!
No destruyas a la que te parió, Inocencia.
Tengo un corazón que llora,
llora manantiales de rabia y de impotencia.
¡Cómo se destruye la Tierra, hermano,
sin darnos cuenta!
¡cómo se pudre la carne
de aquel que luchó por sus hijos!,
por una patria sin patrones,
por un mundo de conciencias,
que se van perdiendo
en un extremo laberinto
de puñales indecentes.
|