|
Cuando
siento que mis temores están entumeciendo mi lira,
fatuos pensamientos que condenan mis gracias, me pierdo en
un exilio de sombras paganas que hablan y hablan, sin decir
nada.
Me hiero a mí misma y extenuada me marcho. La realidad,
su realidad me salpica los tendones, no me dejan caminar allá,
dónde y quiero.
Expío todos mis pecados entre versos maduros, donde
la sonrisa es un mero cuento de hadas, donde la alegría
sangra en mis entrañas. Mi dolor se cierne por todo
mi ser y me araña. ¿Es esto el infierno?
Oscurecen en mis iris los colores de la lluvia ardiente que
me abrasa los sentires y mis palabras. Extemporáneos
acuden los truenos muertos y en mi faz, van cayendo y yo los
llevo hacia un lago ciego. De allí no se moverán,
pues no hay rio, no hay corriente que los eleve hacia la sal
de la vida, sencillamente.
Anquilosados versos tiernos, encadenados a muros de silencios,
exiguas palabras de triángulos y cuadrados, redondeces
que me abordan, pero no expugnan mi contenido.
Los quebrantos de mi cuerpo son mi llanto, son mis versos
perdidos.
|