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poema de Milagros Rubio

AMOR ETERNO




Te vi pintar una sonrisa en tu mirada cuando en tu vida
entró el amor y secó tus lágrimas. Te sentí enajenado de la angustia
que en tus bolsillos guardabas. Leí tus versos, amigo poeta, y ya se
marchitó la rosa negra que a tus penas custodiaba. Tristes versos de
triste lira, ahogados ahora en lo infinito, transfigurando tu locura
enardecida por flores, en un jardín de amores. Me sentí orgullosa y
portadora en mis labios, de esos tiernos sentires, me sentí abrumada,
me sentí enamorada de tu amor por ella, me sentía enriquecida de tus
letras... y de esa voz que narra, dulce y delicada, toda la beldad de
tus palabras. Pero el reloj me trajo tu recuerdo, me prestó tu
silencio, tu dicha, se me fue en el pecho perforando una sonrisa, un
te quiero, una brisa que, en mis cielos, reflejos de tus olas
amatistas, cultivó con semillas declamadas, una suave caricia. Una
caricia que traspasa mi alma y la transmuta, ese corazón negado a amar
se deshiela en un mar de letras y la terneza torna a su lecho,
quebranta esa coraza sempiterna y nubla de nuevo el pensamiento. No es
mi reto ser tu amada eterna, pues ya en tus sábanas se deslizan esos
amores tiernos, más mi ventura es hallarte en un camino de mantas y
brumas, de peces y espumas, de soles, que a la madrugada retira a su
templo, que sus lazos de oro nos aborden y nos unan. Quisiera ser ese
amor etéreo que te perfuma cada segundo de tu vida, que rema hasta
alcanzar tu puerto, que sientas cómo mi espíritu te alza hacia un
perpetuo firmamento, allí donde las almas se aman con ternura, en
silencio. No pretendo ser tu amor terreno, pretendo una caricia en mi
rostro, una mirada tuya, un lejano beso. Pretendo que de tus labios, un
sueño, me digas te quiero. No soy nada entre tus dedos, lo sé y lo
acepto. No soy pluma encarnecida que se presta a tus versos. Pero te
ama mi locura, mi amor eterno.


 
Selección de poemas creados por la poeta © Milagros Rubio , para su publicación en la revista mis Repoelas:




Tengo un corazón(I)


Amor eterno


 


Página publicada por: José Antonio Hervás