¿Y
esa gorda te gusta? Preguntó ella despectivamente
al saber que él se había enamorado de alguien
que no era ella.
Ella quien en su momento fuera la amante perfecta que él
buscaba en aquellos días de lujuria y desenfreno,
donde todo lo prohibido danzaba a flor de piel, marcando
los cuerpos con ese sello del deseo descontrolado que los
dejaba exhaustos, cada vez que sus cuerpos se cruzaban en
la vorágine de la lujuria y el placer.
Verlos juntos le generó un gran resentimiento que
la obligó a buscarlo, a provocarlo y a intentar tal
vez, ese encuentro que ella trataba de recuperar.
Es que él es un gran amante, inolvidable, lleno de
caricias interminables y de besos que llegan hasta el camino
más profundo, rebasando los límites permitidos
hasta lograr los orgasmos tan deseados, donde ella se meneaba
de placer.
¿Por qué esa manera tan despectiva de preguntar?
Dijo él.
Ella ardió de odio, de impotencia ante la voz de
él, tan calmada.
¿Ya olvidaste que yo era tu hembra, donde satisfacía
todas tus fantasías? Dijo ella con resentido dolor.
No lo he olvidado dijo él, pero eso ya es pasado
en mi vida, ahora estoy bien, no necesito nada más
para ser feliz, porque esta gorda como tú le llamas,
me da todo lo que necesito, me da mucho más que placer
en la cama, me da dulzura y ternura como nadie, y la seguridad
que yo buscaba para mi vida y muchas otras cosas que tu
no entenderías, las que hacen de mí, esto
que soy hoy, un hombre enamorado y feliz de lo que tengo
y lo que doy, porque ofrezco mi vida, todo lo entrego por
este amor, el pasado, el pasado solo fue una ilusión
de días grises y de soledades que asfixiaban a mi
corazón, hoy mi corazón es libre de elegir
el lugar y tener la opción de con quien quiero estar,
hoy mi lugar es este, no quiero ni busco nada más.
Ella al escuchar esto mucho más se molestó,
no dijo otra cosa, solo calló, pero en su mente desquiciada
intenta buscar la manera de interrumpir este amor, solo
que ella no sabe de qué él, no se preocupa
por lo que piense o pueda hacer. El ya contó su vida
completa a la mujer que eligió y ésta, sabe
que no existe nada ni nadie que rompa esta relación,
y mientras ella se retuerce de rabia y desazón, la
mujer que él eligió lo abraza tiernamente
susurrándole su amor, para amarse nuevamente, en
esta noche de lujuria y pasión.