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Sentí
soplar una suave brisa en mi rostro y algo me dijo que tú
llegabas. Corrí contenta a tu encuentro y allí
estabas, exquisitos perfumes de primavera acunando todo tu
ser me llenaron el alma. Que maravilloso milagro de Dios vieron
mis ojos que ávidos por conocerte recorrían
una y otra vez tu cuerpecito indefenso, capullito frágil
que contra mi pecho abracé suavemente.
Maia, nombre que pronuncie en un susurro para no incomodar
tu sueño.
Guardo esos recuerdos como tesoro precioso en mi corazón
inviolable de aquellos momentos.
Ame tus primeros pasos y tus balbuceos. Las primeras frases
y los colores de los collages que pintaron tus manitas inquietas.
Fuiste creciendo con tanta firmeza y segura en tu andar que
te convertirse en huracán de mi vida. Arrasabas con
sonrisas mi alma haciéndome cosquillas hasta que llorara
de risa. Amé tus ocurrencias de niña traviesa
y muchas veces fui cómplice de tus travesuras y hasta
jugué en ellas. Como no amarte mi niña pequeña
cuando eras todo sol en mis días oscuros poniéndole
música para bailar juntas y desechar la tristeza. Un
abuelo pedias para que me cuide porque me veías sola
y querías verme feliz, tomar helados y posar en las
fotos para que cuando las mire me hicieran sonreír.
Ocho años revolucionando mi vida, ocho años
cumplías y yo preparando la torta para festejar tanta
dicha. Sólo que decidiste que este año no habría
fiesta, ni torta ni pelotero. Ni globos, ni música.
Sin saber porque, algo detuvo tu risa, ¿un virus tal
vez? Nadie me supo decir porque se detuvieron los vientos
que soplaban a tu favor, esos que te convertían en
huracán arrasando en mi vida. Tanto arrasó en
estos años que robaste mi corazón, mi corazón
que se detuvo cuando el tuyo dejo de latir, y esa lágrima
en tu mejilla como último adiós a la vida, fue
la primera lágrima de tantas lágrimas que derrame
por el dolor de no tenerte. Hoy me dijeron que estas triste
porque me ves llorar y no quiero, no quiero imaginarte triste,
mi niña pequeña llena de luz.
Prometo sonreír, sonreír cada mañana
para ti, sonreír cada noche al acostarme, sabiendo
que eres mi ángel, ese angelito que ilumina mi vida.
Aunque me duela tu ausencia, quiero vivir en la esperanza
de encontrarte en algún camino paralelo a esta vida,
en ese espacio de tiempo en el que se que me miras y abrazas
mi alma. Necesito vivir en la esperanza plena del amor, ese
amor puro que me dabas y que aún siento en mi corazón.
A ti mi princesita linda, escribo esta carta para renacer
y no morir de amor.
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