El
sendero era inevitable
eso nos habían dicho
caminábamos el uno al lado del otro
apenas rozándonos las manos
distintos como un ánade y una grulla
-
El amor todo
lo puede-
Nos habían dicho
-el amor
todo lo soporta-
En los días de tormenta,
me mirabas como a una extraña
que se hubiera dedicado a quitarte la razón
y te miraba como un intruso que se negara
obstinadamente a dejarme libre
Nada soporta el amor
el amor hay que sostenerlo con las cuatro manos
sin rehuir la mirada
En los días de sol, recitábamos poemas
yo hacía pan y tú, amasabas mis pies entre
tus manos
hasta que me quedaba dormida
Inapelables las razones, fueron precisos
-el amor
es más fuerte-
como si la soledad no se hubiera extendido
llenos de tréboles
soñando con llegar a comprendernos
algún día
Quod
scripsi, scripsi