VUELCAS
una sobre otra la materia
de los tubos, la íntima violencia
que pudiera estallar en los matraces: una ciencia rendida
cuando late en tu luz la ceremonia de lo ausente.
Y
analizas
los posos, no con la intención del farmacéutico
o la curandera
por salvar la tragedia que en la piel de la palabra
se revela.
Muy al contrario,
sólo notar su cascabel,
la
deuda de un amor que entre las sombras flota
hacia la cal como una lágrima desde el vacío,
esperas.
Ese es tu hallazgo, contemplar si el contador de la memoria
te saluda entre los muertos
[por la risa
o si es que más bien besas como un premio
de barro o de papel
tu extrema sumisión a la distancia y a la pérdida.