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Hay
pieles que se llaman en silencio
como la luna llama a las mareas,
perdidas en el aire se confunden,
sus voces se contienen en las sombras,
en la fricción sutil de sus contornos.
Hay manos que se buscan sin tocarse
y huérfanas en la niebla se extravían,
la seducción de un juego imaginario,
imploran la caricia de la luz,
unos ojos, su abrigo inexistente.
Más allá de la piel habita un mundo
inabarcable, donde la palabra,
con torpeza, consigue enmudecer.
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