|
Si no estás,
nada hay que puedan
mis ojos contemplar,
porque la luz
que en mi pupila incide
da una débil falacia
de las cosas,
y sin ti tan solo
sombras silenciosas
llenan mi estancia
y es mi recinto flébil
de aroma, sedienta de tu paz.
¿Por qué mis noches habita
por tu ausencia
y a que distancia tus huellas
marchan ya?
A qué destino mi voz irá
entre el viento,
para poder a tus oídos murmurar:
se hacen tan largas
las horas que no habitas,
son polvo y ceniza
los recuerdos, que en otros días
de cielo... fueron mar.
¡Que no me vengan
las voces del recuerdo!,
¡que no me alcancen intrigas a tocar!
porque sus manos
fomentan mi nostalgia.
y un mar de dudas
me ofrecen sin piedad.
Llevas mi alma
prendida en tu trayecto,
y en tu equipaje
mil sueños que albergar;
me guía la esperanza
me alientan los anhelos,
fieles promesas,
te sueñan regresar.
|