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Te busque allá
por la mañana,
entre las rosas y avellanas,
seguí sin descanso tu paso,
hasta la orilla de la ensenada.
Donde estas amada mía,
donde estas mi dulce canción,
el respirar se me hace lento,
y entre recuerdos me voy perdiendo.
Será que ya no escuchas mi voz,
o ya no hago falta a tu corazón,
será que el tiempo marchito,
todo el amor de este humilde trovador.
Un canto nuevo traigo hasta aquí,
colmado de estrellas y mucho porvenir,
donde el cielo y la luna me ayudan,
a ofrecerte un nuevo alelí.
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