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¿Es la seda o es la piel?
Cómo puede saber a mar el carmín que rodea esa
sonrisa.
Ese carmín invisible,
ese cuello fino y largo,
solo marcado por una flecha de pelo,
mechón apuntado en la nuca.
Una sonrisa eterna que es nueva,
que ilumina y trae infancia a la decepción de la experiencia.
Cuando las cosas alrededor son frías,
confío mis cálidos miedos a esa piel,
llena de vida en un irrompible, largo y fino cuello.
A veces un atril,
que separa el corazón pausado
de los calambres que bailan por ser ideas.
Son, cada latido, como hermanos de otro tal pensamiento,
como sólidos pies sobre los que saltan notas bailarinas
de una sinfonía vivaz
se apoyan, impulsan y hacen volar anhelos.
Es el lugar de mis besos.
Los que no puedo dar.
Los que buscar lejos,
porque no les vuela mi vehemente deseo,
los escalofríos que te adornarían en lugar de
ese pañuelo.
La seda, su seda, es mal compañera comparada con mi
aliento.
¡Cómo puede hacer tanto frío lejos de
ahí! Como puede caber todo en un solo cielo, como cabe
tu cuello en un beso.
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