Se
me nubla el pensamiento
tras las rejas que aprisionan mi cuerpo,
y desde mi pecho adolorido grita mi alma sus lamentos,
más en mi lucha callada frente al espejo del universo
se deja ver un rayo de luz que entibia levemente el sentimiento.
Y se
pierde en las tinieblas de esta cárcel azulada
la voz de mi padre que cantaba sentado en la ladera del
tiempo,
se oscurece la mirada de una niña que hoy se flagela
en silencio,
y que de su sangre hirviendo deja caer gotas en los pies
de sus tormentos.
Soy
de alma clandestina porque no te has dado tiempo de conocerla,
soy de palabras tranquilas, resignadas a tus deseos,
soy de piel misteriosa y de cabellos tiernos,
pero eso nunca lo sabrás pues eres carcelero de un
ser casi muerto.
Se
me impregnan los ojos de rocío
se me enciende el corazón de un algo que no conozco
es entre frío que quema y pasiones que me gobiernan,
y siento plácida la ira, ya mi alma no grita,
se han secado las heridas y entre las cicatrices nacen risas,
son falsas, ya lo se, pero siguen siendo risas.
Y es
que el mundo no me llama ni siquiera me vio nacer
solo cogió de mí la esperanza de que una noche
iba a crecer
y me cubrió junto a tu historia de vergüenzas
que aun no se me dan a conocer
creo que no debí untarme de ellas porque hoy visten
la aurora de azul y las noches de un resignado adormecer.
Se
me nubla el pensamiento tras el burka de tu miseria,
ese de color a invierno que corroe tu pensamiento enfermo,
y mi alma apaciguada por el velo de mi infierno,
se deja llevar entre el viento que a penas acaricia mi cuerpo,
no me importan las miradas que se clavarán en mi
después de esto,
pero liberaré mi espíritu de los hombres,
su arrogancia y sus lastimosos tormentos internos.
Soy
mujer de imagen clara,
de ilusiones que no encontraba
y que hoy brillan en la distancia,
y camino tranquila hacia ellas esperando tu venganza,
Y es mi cuerpo el que ha caído, más no mi
alma,
y soy yo la que fallece más no la esperanza.
Soy
de alma apresurada que hoy vuela libre entre la nostalgia
de su pueblo al que amó a pesar de sus cárceles
azuladas,
soy yo, mujer en rejas, que hoy canta en las mañanas,
y es mi voz la que él oirá cada día
en su ventana.
No
hay burkas en el infinito...
no hay cárceles azuladas.