Una luz extenuada de dar luz
se asoma a las ventanas
cansadas de mirar a ningún lado,
viendo siempre lo mismo:
las mismas sombras,
las mismas luces,
las mismas sangres,
los mismos muertos.
Los mismos vivos sobre los mismos suelos,
las mismas quejas para los mismos duelos,
la misma herida siempre en el mismo pecho,
el mismo llanto por el mismo motivo,
la misma lucha contra el mismo enemigo.