Resuenan, resuenan, resuenan, las voces de los hombres
en la tierra resuenan, de sus pechos los ángeles
para el misterio, por tanta pena, por tanta pena y,
olvidan de sus ojos la sangre a borbotones
de visionar tanto el creo, resuenan sus huesos y sus genes
por tantos preteridos.
Acomodados en las falacias, supuestamente de su amo
pero sus voces no llegan más allá de la estratosfera
y los ángeles se quedan en burbujas de paños
en la tierra, donde se entierran los cuerpos del que muriera
pobres cabestros descarriados, dicen los, que adoran al
amo
con guadañas afiladas, para cortar conciencias
y, los ángeles también supuestamente se sublevaban
por tal pago.
¡Ay, de quienes no confiesan al señor representante!
Lástima, que no te atrevas, me dicen los ignorantes
al calor de los sudarios de quienes comen por ti y por mi
y sin embargo, el cielo se abre, cuando se va la tormenta
y los tontos de turno se quedan, chorreados
con las falacias aprendidas en colegios bien, pero de mierda
con santos colgados en las paredes, que ni dios conoce
es lo que tiene, darle tantos nombres al mismo terrenal,
que para mí, se le olvida al no existir ni roce.
¡Ah eso si, dicen los hipócritas, que hay
un señor que todo lo ve!
A mi me cuesta, debe estar mudo o quizás durmiendo
en nubes de papel
en los figurados cielos, ya ven
ni en tiempos penitentes por razones de cualquier drama,
adoran
elucubraciones desternillantes por la incultura
cuando se habla del padre y de una madre con no se, de cuantos
apellidos
posiblemente mi comer dependa de unos muros
pero yo me quedo muy a gusto diciendo:
idolatras, rezantes, extorsionistas de la inteligencia
Vayan, vayan ustedes a la mierda
y cuando encontréis a los ángeles, mi teléfono
lo tengo abierto.