Precisamente ahora
ya no sé qué hacer con las palabras:
ahora que el aire
sabe a plomo derretido y a cianuro,
ahora que he perdido
la voz
detrás
de sueños enjaulados
entre columnas de mimbre.
Decapitado el futuro, perplejo
se va lastrando de impotencias
impúdicas:
tierra muerta
para el silencio de los abedules,
barro roto
para los remolinos del agua,
risa azul
para la mueca de la memoria inútil.
Precisamente ahora
que necesito romper barrotes
y reparar lejanías
desde la sed vagabunda,
ahora que la sangre pervierte
el dolor y el hambre…
Precisamente ahora.