| Con letras ensangrentadas
de
poesía admiro aquella torre
en la pureza del mar.
Será el faro donde la luz
ni la inmensa lluvia apagara.
En aquella torre donde el
silencio embargaba mis
lagrimas escuchaba el
sonido de aquella marea
Cuando el sol comienza
a esconderse.
Ahogo el sufrimiento en un
reino que no me permitía
mi propia libertad.
Nadie podrá arrancar
los pensamientos que
pertenecen a mí alma.
Con esperanzas admiro
el don del amor que
jamás había conocido
en mi propio ser.
Las palabras serán el
desahogo manteniendo
viva la sinceridad sin
sin caer en la trampa
del odio.
En la torre olvide
aquel odio que la arena
despojo buscando la
paz en el mar.
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