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Sé que te he invadido
sin permiso,
que estoy en tu alma, tu piel,
y hasta en tus huesos.
Que necesitas de mí
como del aire,
que en cada amanecer
buscas mi templo.
Que tus manos se unen
en plegaria,
en noches alunadas,
pidiendo por mis besos.
Y te duermes
deseando mis caricias,
comulgando
con todos tus deseos.
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