Yerra por las orillas de la mar
presintiendo el ruido de las olas
mientras el frío muerde sus entrañas
y la noche se vuelve fantasmal
y oscura como boca de coyote.
El viento arrastra cantos quejumbrosos
de los caminos de la indiferencia,
la angustia sorda de la soledad,
el áspero silencio de sirenas,
y, del tétrico baile de los álamos
en la perpetua casa de los muertos