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El goce escondido de un lamento
recordado eternamente entre el amor
y el placer muerto.
Y me encontré reflejada,
capturada por un objetivo lento
entre las reflejadas aguas
del puerto de mi infancia.
En ese sublime instante
vi la muerte descansando
en mi sosiego consciente.
Y aprendí a resguardarme del oleaje,
aprendí a entregarme a los brazos
de aquel puerto sin reproche,
secuestré tus ojos,
y los embalé…
junto a mi vida y mi equipaje.
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