Casi sacerdotal el instante
en que mi espíritu muy lejos,
insumido en su extraña substancia
de indefinible masa impalpable.
Desde allí la flor inmaculada,
un monje tejiendo su capullo
desde el cual la aparición invicta
de una mariposa iridiscente,
o de una doncella helénica
petrificada en su actitud de mármol.
Todo aquello que impalpable alas,
o ingrávidos pies embebidos
en su danza propiciatoria,
concebido en un parpadeo
del progenitor ensimismado.
Ahora, pues, en este instante,
con todas nuestras fuerzas terrestres
vertidas en la virtual hoguera,
anuladas en pro de ese fuego,
ausentes de la física materia.