EL
HARÉN
Capítulo 3
Vacaciones de verano
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Por
fin llegaron las vacaciones, el colegio estaba triste y vacio
sin las voces de los estudiantes. Solo Flores se mantuvo en
el edificio, era la directora del colegio. “Que afortunada
era y cuanto sacrificio realizaba en este lugar”; pero
nada había sido en vano. Aunque si no hubiera muerto
Balalau –pensó ella. Pero su imagen la acechaba
permanentemente, día y noche. Tal vez por eso decidió
pasar las vacaciones en el colegio, para comprobar los cambios.
Así parecía que Balalau estaba más cerca
de ella de lo que jamás había estado. Y debido
a que ya se había ido del mundo de los vivos, Flores
parecía que había olvidado todos sus problemas,
todo el mal que había hecho junto a él. Comenzó
en el puesto de Santa María y Flores estaba pensando
que ahora era el momento de purgar los pecados.
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Todos
los profesores se habían ido de vacaciones, el colegio
solo mantenía a los empleados que no se dedicaban a
la enseñanza. Carmen regresaba del supermercado cargada,
pasó ante la colegio y vio a Flores en la ventana,
hablando por teléfono. En ese momento salió
del colegio uno de sus trabajadores, el fontanero, y saludo
a Carmen y se ofreció para ayudarle a llevar las compras.
-¿Qué ocurre, usted no está de vacaciones?
–preguntó Anca.
-Yo estaba fuera en la playa, pero la señora Flores
me llamó del colegio. Por suerte tenía móvil
hace unos pocos días y por eso me he quedado sin vacaciones.
-¿Qué era tan urgente? –preguntó
Anca.
-No hay nada tan importante, pero Flores no quiere estar a
solas con los trabajadores de la empresa constructora que
están arreglando los edificios de la universidad.
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Flores llego tarde a
casa como de costumbre, era tarde pero Flores no podía
cerrar los ojos. La imagen de Balalau siempre regresaba a su
mente. ¡Qué feliz había sido con él!¿Por
qué tuvo que morir? Ella siempre lo conoció como
un hombre fuerte, no tenía miedo a nada. ¿Cómo
había tenido exactamente una conmoción cerebral?
¿El hecho de que ella lo había humillado había
sido la causa? De hecho, ella se había burlado de todos
los profesores que eran muy buenos. Ella salió de la
oficina y dio patadas con el pie. Soportando con estoicismo
la humillación. Pero, ¡qué bueno era Balalau!
–pensó Flores.
Flores, abrió las ventanas de su apartamento. El dulce
canto de las cigarras penetró con intensidad en cada
esquina. Desde todas las direcciones, las canciones penetraban
con diferente intensidad, con un sonido estéreo, como
si se hubiera instalado un sistema de altavoces en la casa.
¡Adelante, que extraño paisaje! Las imágenes
rústicas, el verdor de los arbustos, el dulce canto de
las cigarras, que iban incitando con intensidad desde cualquier
rincón donde se situase una, en combinación con
los bloques de cemento gris y frío, con coches de todas
las marcas y colores. Y la lámpara con la luz de color
naranja, de la ventana, con forma cónica con los bordes
como si fuera un extraño sombrero, que pareciera que
estaba apagado desde principios de siglo, en Bucarest. El sistema
de alarma de un coche interrumpió el concierto de los
grillos, el viento balanceaba suavemente los frutos rojo-anaranjados
del ciruelo ante la ventana. La antigua linterna aparecía
y desaparecía entre las hojas temblorosas mecidas por
la danza del viento. Todo este paisaje en el frescor de la noche
parecía una de las más tranquilas de Flores, parecía
que todo lo malo se disolvía en la nada.
Tuvo que pensar ahora que era la dirección. Un estruendo
apagado de los aviones se superponía al concierto de
los grillos.
¿Cómo unas criaturas tan pequeñas pueden
cantar tan fuerte? ¿No se cansan? –pensó
ella y recordó en su infancia, en los campos cerca de
su casa familiar donde solía jugar…
Flores se despertó en medio de la noche, su corazón
latía con fuerza, estaba soñando con Balalau.
No recordaba lo que había soñado, solo la imagen
de él. ¡Era tan real! Que casi lo había
podido tocar, parecía que se encontraba entre sus fuertes
brazos a su alrededor. El sueño ya había pasado.
Pero… ¿Por qué estaba tan oscuro? Se levantó
y miro por la ventana, probablemente había un corte de
suministro. Todo estaba profundamente oscuro y sólo unos
brillantes haces de luz de los faros de los coches que estaban
aparcados cortaban esa misteriosa oscuridad. ¿Eran artificiales
esos rayos?
Hasta ese momento no se había dado cuenta de ello, luces
de linternas amarillas claras podían más que la
oscuridad, pero ahora que estaba sola, podía admirarlo
en silencio. Todo parecía irreal. Parecía una
película de ciencia ficción. Un maullido como
de gato rompió la canción ininterrumpida de las
cigarras. ¡Cuánto se parecía, en la noche
a sus congéneres salvajes de la misma especie!- pensó
Flores. |
EL
HARÉN
Capítulo 4
La destitución
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