POR UN AMOR, HASTA EL FIN DEL MUNDO |
Ema
entró en la aula oscura y húmeda, encantada
por el misterio de las antiguas murallas del edificio, con
elementos de arquitectura fascinante, se sentó en el
primer banco. Era alumna del segundo curso en la Facultad
de Geografía en la Universidad de Bucarest. A su lado,
estaba sentado un joven moreno, pequeño, delgado, ojos
alargados y mirada brillante.
-¿Puedo? ¿Está libre? –preguntó
acento extranjero.
Es el tonto del segundo grupo –pensó Ema –
bajó la vista, discretamente. Él es simpático,
amable y educado, no como los campesinos nuestros, groseros,
del grupo de compañeros.
¡Qué niña bonita! –pensó
Naranbaatar mientras miraba a la chica.
El curso de “Geografía de los Recursos Naturales”
comenzó.
Los jóvenes estaban atentos a la conferencia del profesor
–un anciano simpático, con su voz lenta- a veces
cuando fundido una mutua mirada tímida, uno a otro…
Al día siguiente, cuando Ema entró en el aula,
Naranbaatar exclama alegremente:
-Te he guardado un sitio aquí, en el primer banco.
Siempre había peleas por los asientos en las primeras
filas, en el anfiteatro donde se llevaron a cabo las clases.
La mayoría de los estudiantes llegaban media hora antes,
para ocupar asientos de más adelante, para oír
mejor las conferencias de los profesores y tomar notas completas,
usando las exposiciones escritas en la pizarra.
Ema se sentó alegremente junto a Naranbaatar.
- ¡Gracias! –dijo alegremente.
En los días siguientes, los jóvenes escucharon
los cursos en el primer banco, en asientos contiguos.
El viernes, afuera había una tormenta. Estaba lloviendo
con tanta fuerza, que quedaba húmeda hasta la piel.
- ¿Tienes un paraguas? –preguntó Naranbaatar
a Ema.
- No, pensé que no iba a llover, hacía una hermosa
mañana –dijo Ema.
- Entonces te llevo al hostal. De lo contario te vas a mojar
y a resfriar –dijo el estudiante. Y abrió un
gran paraguas negro, ofreciéndole el brazo.
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Ema
lo cogió por el brazo, el viento soplaba fuerte, tratando
de arrebatar el paraguas de las manos del joven.
Estaban totalmente mojados. Naranbaatar trató de protegerla
tomándola entre sus brazos, pronto llegaron a la residencia
y Naranbaatar presentó en la entrada su tarjeta de
estudiante.
-No se permite quedarse aquí –dijo severamente
el portero - Solo acompaño a la señorita –explicó
el joven.
Subieron al segundo piso donde Ema tenía su habitación.
Abrieron la puerta y en el interior había unas chicas
que también eran alumnas y cuando vieron a Naranbaatr,
sonrieron astutamente.
-No nos has dicho que tenías novio –dijo Andrea,
una chica morena y menuda.
- Sí, nosotras te decimos todo lo que hacemos –dijo
Alina una muchacha alta y rubia.
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-Es mi compañero Naranbaatar –dijo Ema.
-¿Naranbaatar? ¿No eres rumano? –preguntó
una pelirroja, pecosa de ojos azules.
-Es de Mongolia, ha venido aquí a estudiar geografía
–respondió la chica.
- Entonces me voy –dijo el joven con ganas de marcharse.
-No, no te vayas, queremos hablar un rato más contigo,
nos alegramos cuando tenemos invitados. ¿Te gusta Rumanía?
–dijo Alina.
-Por supuesto, de lo contrario me habría marchado –
dijo Naranbaatar un poco intimidado por las chicas.
-¿Qué te gusta más, el paisaje, la universidad
o..?
-O Ema –completó Andrea.
El joven se había puesto colorado.
-Dejadlo tranquilo –espetó Ema a sus compañeras-
¿Por qué le molestáis?
-Estamos bromeando –dijo Andrea -¿Vienes mañana
al baile de primer año con nosotras mañana? Te
esperamos a las ocho y nos vamos todos juntos.
-Por supuesto –respondió el joven.
El joven se despidió de las chicas y se marchó.
Al día siguiente Naranbaatar llegó puntualmente
a la residencia de las chicas.
Las chicas se habían arreglado e iban muy elegantes.
El salón de la universidad donde se daba el baile estaba
cerca de la casa. El ambiente era estimulante, la alegría
de la juventud alcanzó su punto más alto, además
con el baile nadie se daba por vencido, Después de los
ritmos emocionantes del zorro, Ema invito a bailar a Naranbaatar,
bailó con él un blues romántico, sintió
sus manos frías con los dedos largos del joven cubriendo
las suyas, pequeñas, suaves, como almohadas mullidas,
pero su corazón de golpe se calentó.
Los estudiantes estuvieron bailando toda la noche, si no hubiera
habido ningún programa impuesto por el regimen de terminar
a la diez, para cualquier diversión en bares, restaurantes
y por supuesto en las reuniones del curso y los estudiantes,
en eventos organizados. Esta limitación, sin embargo,
tienen un completo y totalmente efecto distinto al esperado,
los jóvenes continuaron con su particular diversión,
eso sí, en secreto, todo parecía más atrativo.
Las chicas mareadas por el baile, invitaron a Naranbaatar y
a otros compañeros, a jugar a cartas el resto de la noche
frente a la chimenea de su residencia. El problema más
espinoso era que tenían que pagar al portero, porque
tenía prohibido permitir el acceso al edificio a los
chicos, porque era solo para las muchachas. Lo consiguieron
en un momento de descuido del portero y consiguieron reunirse
todos, se rieron y se divirtieron jugando a las cartas toda
la noche.
Desde ese fin de semana, Ema y Naranbaatar se veían a
menudo, salvo en algunas ocasiones, cuando estaban en los días
previos a los exámenes. No se cansaba el uno del otro,
querían estar juntos todo el tiempo, la única
solución para esto era el matrimonio y la idea partió
de Ema.
-Si nos casamos, vamos a tener una habitación en la residencia
de familias y niños, es gratuita, donada por el Partido
Comunista. Estaremos siempre juntos y vamos a tener unas mejores
condiciones de vida.
En abril, los jóvenes se casaron oficialmente en el Registro
Civil, tuvieron como invitados solo a algunos compañeros
de habitación con sus parejas.
Los padres de Naranbaatar no podían ir y la madre de
Ema estaba enferma y el trayecto hasta la capital le habría
afectado negativamente a su salud.
Después de la ceremonia oficial, los jóvenes invitaron
a sus compañeros en un restaurante cerca de la universidad,
un menú que incluía chuleta de cerdo con guarnición,
un pastel de chocolate y bebida para satisfacer plenamente a
los presentes. El vino “Busuioaca
de Bohotin”, rosado y aromático creó
buen humor y alegría.
-¿Qué vais a hacer el 1 de mayo? Las entradas
para el campamentos están de forma gratuita en los hoteles
de lujo, con todo en la mesa, estáis aprendiendo bien
y estáis recién casados, si os inscribís,
seguro que recibiréis las entradas –dijeron los
compañeros.
-¡Vamos a inscribirnos todos! –propuso Ema- creo
que iremos.
En unos días, cuando lo tuvieron todo acordado, el Rector
recibió las invitaciones de los hoteles y los billetes
del transporte en tren.
-Quedamos a las diez de la noche en la plataforma junto a la
Oficina de Información –dijo Alina –viajaremos
juntos.
-¿En qué vagón tenéis los asientos?
–preguntó Andrea a Ema y a Naranbaatar.
-En el vagón dos, lugares 92 y 94 –respondió
la chica -¿y tú?
-Todos juntos, pero en otro compartimento, tendremos que ver
si otros pasajeros nos lo cambian para poder estar juntos durante
el camino.
-La operación duró media hora y los estudiantes
pudieron estar juntos, así podrían bromear, charlar
y divertirse todo el camino.
Por la mañana cuando llegaron a la localidad, se escuchaban
los acordes de música al máximo de los equipos
de música de los estudiantes, nadie los detenía
porque era propio de su edad.
Los cuatro días fueron divertidos, pero tuvieron que
volver a la universidad, finalizadas las vacaciones fue necesario
regresar. Para unos estudiantes como Ema y Naranbaatar no era
algo difícil, habían obtenido unas notas altas
en la universidad, en el país habrían tenido un
muy buenos puestos de trabajo a través de la división
gubernamental, pero Naranbaatar quería regresar a su
tierra natal, el Estado le había pagado su educación
y formación y se suponía que desarrollaría
su trabajo en la estación meteorologica ubicada en una
cima de la montaña y también debía ayudar
a su familia y a la comunidad con unas tareas específicas.
Llegaron tarde a la cima de la montaña, los rayos amarillos
y brillantes del sol se estaban apagando en la inmensidad azul
del cielo. Había oscurecido y el cuerno misterioso de
la luna anaranjada cubría el cielo.
-Así que voy a vivir aquí de ahora en adelante
–dijo Ema soñadora- ¡Qué romántico
es! Un lugar de cuento de hadas, el aire limpio, las montañas,
zonas verdes, árboles y flores, sin ningún tipo
de estrés, por esto la gente vive aquí. Es imposible
enfermar, pero por Naranbaatar no me importaría estar
en ningún lugar de la tierra, pero no sola.
El aire frío y limpio de la montaña, pasaba profundamente
en la cavidad pulmonar y hacía que cualquiera se sintiera
lleno de poder, de juventud, como un niño eterno y su
amor parecía más limpio y sincero que nunca.
El cielo azul, parecía más azul que en cualquier
otro lugar de la tierra, iluminado por el resplandor de la luz
de las estrellas y de la luna, todo parecía irreal junto
a Naranbaatar, el amor era más intenso que nunca.
Cabalgaron durante horas por el bosque, pero los jóvenes
no estaban fatigados en absoluto, empezó a anochecer
y tenían que darse prisa en regresar.
Los árboles parecían más oscuros, el cielo
torno en color azul oscuro y el aire fresco de la noche se deslizó
más nítido.
-Coge mi chaqueta –dijo Naranbaatar- No quiero que cojas
frío. Tú eres más sensible, yo soy un hombre
de la montaña y soy fuerte.
-Yo también soy de las montañas, soy de Brasov
–dijo Ema.
-En efecto, pero en la ciudad y no en la cima de la montaña,
no en los picos de Mongolia, aquí el clima es más
áspero, Brasov es la depresión, queda poco, llegaremos
en seguida –explicó el hombre.
Cuando vieron la primera casa ya era noche cerrada, solo se
veían luces en la cocina, donde todo el mundo se había
reunido para cenar.
-¡Naranbaatar, por fin has llegado! –dijo la gente
cuando lo vieron y corrieron a besarlo y abrazarlo.
Solo más tarde se dieron que no estaba solo, miraban
de forma extraña a la mujer joven, rubia y delgada con
el pelo cortado como un chico.
-Es mi mujer –dijo Naranbaatar –vamos a vivir aquí
con vosotros de ahora en adelante.
-Pero, la vida aquí es muy dura y ¿una mujer delicada
como ella podrá vivir en las condiciones que tenemos
aquí? –dijo una mujer mayor.
-Soy fuerte y dura –dijo Ema- no tengo miedo a nada, puedo
hacerle frente, solo para estar con Naranbaatar.
-Vamos a la mesa –invitó la gente.
Los jóvenes tomaron sus asientos, los platos eran polenta,
cuajada, queso y yogur, tenían tanta hambre por el camino
recorrido que la comida les pareció increíblemente
buena. En Rumanía el queso había desaparecido
por complete del mercado y ya no podía comerse desde
hacía tiempo.
-¡Que deliciosa está la cuajada! –Exclamó
Ema encantada.
-Es de cabra, solo se alimentan de la vegetación de la
montaña limpia.
-Hoy vais a dormir con nosotros en la habitación –dijo
el padre de Naranbaatar, Batzorig- no sabíamos que vendríais,
mañana vamos a preparar la habitación en la buhardilla.
Allí se quedaba Naranbaatar antes de ir a la Universidad en Rumanía.
Ahora está llena de polvo y telarañas, sin embargo
mañana la limpiaremos y será vuestra vivienda.
Ema pensó que nunca había dormido con tanta gente
en una misma habitación, además de los padres
de su marido estaban las hermanas, Altantsetseg, Bayarmaa, Bolormaa,
Khongordzol y sus hermanos Chuluun y Batu En el dormitorio de
la Universidad dormían cuatro en la habitación,
pero ni siquiera diez. A Ema esto le pareció muy interesante,
único, romántico, como en una película,
en la cual ella era la protagonista.
Al día siguiente todavía era de noche cuando todo
el mundo estaba despierto, cada hombre trabajaba afanosamente
y las mujeres daban de comer a los animales.
-¿Qué miras? –dijo una de las mujeres –debes
trabajar, aquí en la montaña la vida es dura,
no como en la ciudad.
Si quieres a Naranbaatar debes ser como nosotros. Ema miro con
cuidado como realizaban las mujeres el trabajo, ella era torpe,
había vivido toda su vida en la ciudad y su madre no
le daba trabajos de casa. “Toma
y aprende, hazte maestra” –siempre le
decía su madre- “Yo
lo hare todo en la casa, tú debes aprender bien en la
escuela”.
Ema era muy buena estudiante en la universidad, aprendía
concienzudamente lo que tenía que hacer, incluso si era
muy difícil con los animales, ella no había tenido
nunca animales cerca y no sabía cómo comportarse
con ellas, no estaba acostumbrada al trabajo físico regular
y se cansaba rápidamente.
-¿Ya no puedes? –le preguntó con autoridad
una mujer de edad similar.
-Con ella, con Nergal se debía haber casado Naranbaatar
–explicó Oyunbileg, la madre del joven, pero él
no oyó el comentario.
Ema miraba a la mujer y pensó que era un poco fea, pequeña
y gorda.
“Tampoco
parce demasiado inteligente” –pensó
Ema estudiándola con atención.
Parecía como si la mujer le hubiera leído sus
pensamientos.
-Soy una de las más trabajadoras de nuestro grupo, ninguna
puede darse más prisa en cuidar a los animales o limpiar
y cocinar –continuó ella.
“Eso es
algo que puedo hacer muy bien” pensó
Ema. Pero, ¿Por qué aprendí tanto en la
universidad? Necesito hablar con Naranbaatar.
-Pero, ¿Dónde está mi marido? –preguntó
a las mujeres.
- Jajaja, está lejos, se fue con los hombres a la montaña
con las ovejas y las cabras –respondió la madre
de Naranbaatar-
Allí está la estación meteorológica
donde trabaja.
Cuando llegó el almuerzo, Ema estaba débil de
hambre y del cansancio.
Las mujeres pusieron una olla de agua a hervir, espolvorearon
un poco de sal en ella y a continuación añadieron
el maíz, rápidamente se hizo una polenta de color
oro, que la dejaron sobre un círculo de madera.
Oyunbileg trajo un vaso de leche y un plato con queso y cuajada.
Que delicioso le pareció a Ema, había trabajado
tanto que hubiera comido cualquier cosa, después de llenarse,
quiso descansar, admirar la naturaleza y ver las vistas encantadoras
desde la altura.
-Debemos continuar nuestro trabajo –dijo Nergal- tenemos
muchas cosas más que hacer hasta el anochecer. Y Ema
para demostrar que era una buena esposa para Naranbaatar, continuaba
con las actividades en curso, con mucho trabajo, cuando el sol
desapareció entre las cimas de las montañas y
el cielo oscuro, la joven era agotada. No se había servido
la cena y se fue directamente a la habitación del ático,
que había conseguido organizarla en el trascurso del
día. Entendió que Naranbaatar y los hombres se
perdieron durante una época en las montañas con
las ovejas y las cabras.
Por la mañana sospechó que podía estar
embarazada y lo confirmaba día a día. “Por
eso estoy tan cansada y no puedo comer cualquier cosa, tengo
que esperar para darle la noticia a Naranbaatar”-pensó
Ema. “Y
estar segura de esto, si yo estuviera aquí en otra época,
creo que en Antigua Dacia llevaría una vida similar a
la de ahora, volví unos siglos atrás, a la mejor
en la estación meteorological del pico, sería
diferente y seguro con Naranbaatar”.
Los próximos días eran siempre igual, Ema empezó
a echar en falta a Naranbaatar, a su madre, a la gente y los
lugares cercanos que le eran conocidos, el ajetreo de la capital
y su ciudad natal, echaba de menos los ritmos, los edificios,
su madre le había dicho que era difícil estar
entre extraños y que el amor por su marido no sería
suficiente. “No
escuche su palabra y ahora la sufro” –pensaba
Ema- “no
sé cómo voy a sobrevivir aquí”.
Su madre le puso el ejemplo de una hija de un conocido que se
había casado con un estudiante árabe, compañero
de estudios, ella le dijo que cuando llegaron juntos a su país,
después de la graduación, la vendió por
un camello, sin embargo Naranbaatar, no haría eso –pensó
ella- pero estas mujeres no sabía si la venderían
por una cabra, de Mongolia.
Los hombres regresaron al cabo de cuatro meses, una noche escucharon
Fuertes ladridos de perros y campanas de ovejas y cabras.
Ema fue a saludar con alegría a Naranbaatar, el embarazo
ya era visible.
-Pero, ¿Qué pasó? ¿Estás
embarazada? Y yo sin saberlo –dijo encantado por la noticia
Naranbaatar.
Esa noche estuvo feliz, como lo fueron todas las que siguieron
en su matrimonio, porque estaban juntos.
Por la mañana, Ema se levantó temprano para trabajar
como de costumbre.
-Pero, ¿qué haces? –Preguntó Naranbaatar-
tienes que cuidarte, no vas a trabajar hasta que hayas dado
a luz.
-Pero me aburro si no hago nada –dijo Ema- He aprendido
aquí tanto, quiero ser útil.
- Vas a enseñar a los niños de nuestro grupo de
gente –dijo Naranbaatar- ellos también quieren
aprender a escribir y a calcular.
Este trabajo con los niños, le gustó mucho a Ema,
Nergal de vez en cuando la miraba con envidia, pero ahora Naranbaatar
estaba con ella y ahora podía estar por encima de todos.
Por la tarde salió con Naranbaatar a dar un paseo y mirar
los grandes paisajes que tenían a su alrededor, la llevó
a una cascada de agua fría, que goteaba rápidamente
en las paredes rocosas de la montaña, eran lugares donde
jugaba cuando era pequeño, los árboles y las plantas
llenaban las áreas de la montaña, parecía
sacado de un cuento de hadas, y la vida para Ema parecía
un sueño agradable, pero llegó el día que
empezaron los dolores de parto.
Naranbaatar quería llevarla al pueblo pero ya era demasiado
tarde.
-Todas hemos dado luz aquí, solas, en la casa y no ha
habido ningún problema, y no habrá ninguno con
Ema – dijo Nergal.
Ema ya no oía nada, tenía un gran dolor, ningún
pensamiento
que pudiese resistir a tal sufrimiento. Aunque era una mujer
fuerte que luchaba con todo el peso La alegría del nacimiento
de su hijo hizo que lo olvidase todo, era una madre feliz y
Naranbaatar estaba tan orgulloso, tenía un hijo que se
parecía muchísimo.
Los días felices eran pocos, Naranbaatar se marchó
de nuevo con los hombres una vez más.
-Voy a ir contigo, quiero ver la estación meteorológica,
quiero trabajar allí también –dijo Ema.
-A partir de ahora debes cuidar del bebé –le dijo
Naranbaatar.
Ema entendió que esa sería su vida a partir de
ahora.
Pasaron rápidamente cinco años y Ema tenía
la sensación que ella desde toda la vida estaba allí,
y que el resto de su vida había sido un sueño,
un sueño al que quería volver de nuevo. Especialmente
por su hijo Temujin, ¿Qué futuro podría
ofrecerle si permanecían allí, en las cimas salvajes
de las montañas? No podía resistir, tenía
que dejar ese lugar cuanto antes posible, incluso si no volvía
a ver nunca más a Naranbaatar, a quien amaba tanto como
al principio, estaba esperando que se hiciese de noche para
coger a Temujin, coger el paquete con ropa, algo de comida y
salir a la carretera, ya había aprendido cual era la
ruta de descenso, ella podía hacer el viaje con los ojos
cerrados, pero tenía que llegar por la mañana
al pueblo. El único problema eran los animales del bosque,
no tenía ningún arma para defenderse de ellos,
en la oscuridad sus gritos parecían espeluznantes. Pero
Ema corría bastante rápido, el niño lo
tiro todo, era pequeño y caminaba a pequeños pasos,
incluso comenzó a lloriquear.
-Pero, ¿Dónde vamos mamá tan rápido?
–preguntó el niño.
-Ya lo verás –le dijo ella, tirando de él
hacia abajo –pero cállate, los animales salvajes
nos oirán y nos atacarán, ¿quieres que
nos coman los lobos?
El niño empezó a llorar más fuerte, realmente
asustado, vio lo que ocurrió una vez cuando entraron
los lobos en el gallinero y los estragos que hicieron, se comieron
ovejas y cabras e incluso los perros pastores les tenían
miedo.
Llegaron a la aldea al amanecer, en el camino un campesino había
dejado un carro lleno de heno y Ema y el niño se escondieron
entra la paja apilada.
Todavía era de noche cuando el hombre entro en el camino
que llevaba a la estación de tren.
En la estación, Ema busco los trenes que salían
de la ciudad, solo había uno, con productos derivados
del petróleo, sin embargo no eran apropiados para el
trasporte debido a la forma de los tanques, era preferible lo
que transportaban grano, por último encontró vagones
con trigo, en ellos podrían esconderse con facilidad
sin que nadie los viese, pero el viento penetraba a través
de la carreta y a disipar el trigo de los ojos, Temujin empezó
a llorar de nuevo, pero el viaje no duró mucho tiempo.
La ciudad estaba cerca, cuando el tren se detuvo, se acabó
su calvario, bajaron del tren sin ser vistos.
-¿Dónde está el puerto? –preguntó
Ema al primer hombre que se cruzó en su camino.
El hombre le explicó cómo llegar allí.
En el puerto había un viejo barco ruso dispuesto para
zarpar, Ema subió y se encontró con un hombre
gigante, con figura redonda y la cara roja.
-Señor, ¿nos puede llevar en el barco? –preguntó
Ema.
-¿Para ir donde?-dijo el hombre.
-A Rumanía, tengo dinero y una botella de alcohol.
El hombre miraba con antojo la botella, Ema entendió
y se las arregló para ganar.
-Ven rápido, que no os vea nadie de la tripulación.
Y los llevó junto a los contenedores de transporte de
mercancía, estaban llenos de naranjas, aquí pasareis
los próximos días, pero nadie tiene que saberlo,
debéis permanecer en silencio –dijo el hombre,
retorciendo el bigote, tenían comida, naranjas en abundancia,
el agua era el problema, pero debían resistir, Ema trato
de dejar más agua para el niño, después
de dos días, estaba débil por la sed.
“Creo que
no aguantaré mucho más” –pensó
ella- “moriré
sin lugar a dudas, pero ¿qué pasará con
el niño?”, trató de dormirse
y pensó que si cerraba los ojos no volvería a
despertar.
De repente, la puerta del contenedor se abrió y el hombre
que la había ayudado a viajar entro lentamente, traía
una botella de agua fría y pan.
-No pude traer nada más –dijo el hombre- debo regresar
inmediatamente, no sea que alguien sospeche, no quiero crear
problemas sino también los tendría yo si se enteran
que os ayudé.
-Muchas gracias –exclamó Ema en voz baja- cogió
la botella de agua y empezó a beber con avidez, como
si fuera una poción mágica dándole la vida,
aunque en realidad no era así.
La joven se recuperó inmediatamente, durante los siguientes
días, el marinero siempre les llevaba agua, se las
arregló incluso para reunir algo de comida sobrante y
se la llevó a Ema y al niño.
Llegó el día en que el hombre les trajo la noticia
de que llegaba el buque a puerto, Ema respiró animada,
el miedo y el calvario que había pasado había
terminado, aquí en su patria se sentía segura
y que nada malo le podía suceder, estaba de vuelta a
la civilización, llegó finalmente al país.
“Estar
en casa es lo mejor” –pensó Ema,
mientras observaba
feliz al niño.
-Lo bueno es que ahora estoy tranquila –dijo la madre
de Ema- estaba preocupada por ti todo el tiempo, me preguntaba
si estabas bien, si te había pasado algo, si algún
día volvería a verte o si llegaría el día
de conocer a mi nieto.
EPÍLOGO
Era una mujer orgullosa, Ema nunca dijo a nadie lo que había
pasado en las montañas de Mongolia.
-Tengo que ir a la escuela, hoy viene alguien de la inspección
del control de la escuela, seguramente estaré allí
todo el día.
- No te preocupes, yo me cuido solo mamá –dijo
Temujin- hay suficiente comida en la nevera. ¿Debo
de hacer algo ahora que serás la directora de la escuela?
-No, puedo yo sola, ya sabes que las inspecciones de control,
se realizan por lo general, cuando se acerca la Fiesta del Cordero
de Pascua, para controlar los pasteles, solucionarlo todo, como
siempre –dijo Ema. Pensó, en lo profesional, hizo
lo que quería, ser profesora de geografía en una
escuela cercana a casa, o mejor dicho, la habían nombrado
directora. El trabajo de los años que trabaje para la
Seguridad, desde que regresé al país no fue en
vano, fue una de las condiciones para ser propuesta y Temujin
es mi alegría, el también hizo carrera, más
fácil ahora que en mi tiempo, ahora las plazas no son
limitadas en los colegios y en las universidades acceden muchos,
yo lo puedo ayudar con el trabajo, tiene un puesto de informático
en mi escuela, que puedo decir, soy una mujer feliz. Encontré
el verdadero amor de mi vida, encontré a mi alma gemela,
pocas personas tienen esa suerte de encontrar la felicidad.
Tal vez por eso no quiera a ningún otro hombre en mi
vida.
No querría que me decepcionase. Todo el tiempo lo hubiera
comparado con Naranbaatar, y no hubiera sido feliz ni yo ni
mi pareja. Así, sola con mis recuerdos, todo parece perfecto
y Temujin se parece demasiado a Naranbaatar, a menudo creo que
es él. De todos modos, con el trabajo y los problemas
de la escuela, no tengo tiempo para pensar, aquí en casa,
es el lugar donde más a gusto estoy, tengo todas las
comodidades, puedo comprar casi cualquier cosa y vivir con el
aire de las montañas en Brasov. Puedo viajar al extranjero
en cualquier momento, los viajes al extranjero son baratos,
pero después de la aventura vivida, no deseo cruzar las
fronteras de mi país –pensó Ema, soñadora
y feliz. |
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