LA MAGA DE LAS SONRISAS
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La vida, cuando menos te
lo esperas, da un giro convirtiéndose en un infinito
torbellino de posibilidades, de las que a través de
nuestras decisiones, vamos construyendo un presente ante nuestros
ojos, que poco o nada tendrá que ver con nuestro pasado.
Hace un par de meses conocí a Sergio, un chico que
me enamoró con tan solo pronunciar unas cuantas palabras.
Descubrí a un chico dulce, caballeroso, pero por encima
de todas sus cualidades, destacaba su espíritu solidario.
Sergio acababa de llegar de misión humanitaria de la
India. Sus ojos emanaban una luz especial y un brillo acuoso
que aclaraba su color azul de ojos. Todo esto acompañado
por el poder de sus palabras consiguieron hacerme sentir sucia
y rastrera, como nunca nadie lo había hecho, por no
renunciar a los excesos materiales de la vida. Me odié
por llevar aquel collar de perlas, aunque he de decir a mi
favor, que fue una herencia de mi abuela. Observé mi
reflejo en la puerta de aquella cafetería y me vi,
con mi ropa de marca recién estrenada, que a juzgar
por lo que Sergio me contaba, con el dinero que me había
costado, podría alimentarse a un niño indio
todo un mes. Después conocí su faceta romántica,
familiar, y poco a poco con el paso del tiempo, conseguí
mezclar mis propios valores con los suyos y acabamos convirtiéndonos
en lo que somos hoy día; solo uno.
—¡Ángela!, hola cielo, que tal por el comedor
social? —preguntó Sergio esperando la confirmación
de que todo había salido a la perfección.
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—¡Hola cariño!,
pues bien, aunque tenemos cinco nuevos usuarios — le
expliqué con paciencia y resignación—.
La pobreza del pueblo va en aumento y las necesidades cada
vez son mayores. Menos mal que la gente está respondiendo
bien a las campañas solidarias propuestas en los supermercados.
—Genial —afirmó Sergio—. Por cierto
Ángela, esta noche quisiera tratar un tema muy importante
contigo. ¿Podrías pasarte por mi casa y lo hablamos?
—Claro, ¿de qué se trata? —pregunté
impaciente.
—Ya te contaré, es largo de explicar. ¡A
las 21.00 te espero!
—Vale, pues allí estaré —apunté
complaciente con una sonrisa en la cara.
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La cara de Sergio denotaba nerviosismo. ¿Qué
será eso tan importante que tiene que contarme? Por
más que imaginé nunca conseguí aproximarme
mínimamente, a la propuesta de mi chico. Aquella noche
Sergio me propuso algo que cambiaría mi vida…
—Bueno, em…no sé muy bien por dónde
empezar Ángela…—mencionó dubitativo.
—¡Venga, dispara! ¡Sin anestesia chico!
—bromeé para romper el hielo.
—La verdad es que hace un par de años, decidí
apadrinar un niño de la India. Mi decisión se
llevó a cabo y Yamir pasó a formar parte de
mi vida. Mira —expone mostrándome la foto de
un bebé—. Aquí sólo tenía
dos meses. Actualmente tiene dos años. La cuestión
es, que ahora, me ofrecen la posibilidad de adoptarlo y traerlo
a España. Aquí es cuando entras tú en
escena.
—¿Y qué tengo yo que ver con todo esto?
—pregunté sorprendida ante la atenta mirada se
Sergio.
—No puedo hacerlo sin ti…—confesó
cabizbajo—. Ángela mi propuesta ésta noche
es doble. Quiero que formes parte de mi vida y te vengas a
vivir conmigo. Como también quiero que formemos una
familia junto con Yamir.
Jamás pensé de pequeña, cuando veía
La Cenicienta, que algún día yo, sería
madrastra. Pero no una madrastra cualquiera como las de antaño,
que narran los cuentos de princesas, no. Una madrastra buena
y actual.
La propuesta me atemorizaba, en la misma medida que me ilusionaba.
La idea me pilló tan de sorpresa, que no pude más
que cerrar los ojos y sacudir a cabeza varias veces de un
lado a otro, para ver si fluían mis ideas.
—Sergio, realmente me ha sorprendido tu propuesta. No
sé qué decir —expuse indecisa.
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Realmente sí que lo sabía, pero me parecía
muy fuerte, darle un sí por respuesta sin que hubiesen
pasado apenas unos segundos.
Veo el sufrimiento de Sergio reflejado en su mirada, realmente
es muy importante para él.
—Por favor…¡te quiero! —apunta suplicante.
—Lo sé, y no lo dudo Sergio. Es por eso que te
voy a decir que sí.
—¿Sí? ¿En en serio? ¡Gracias
Ángela! No sabes lo importante que es para mí…¡para
nosotros! Yamir y yo te vamos a cuidar mucho —gritó
levantándome en brazos y abrazándome fuerte.
Mi corazón latía como si hubiera saltado al
vacio sin arnés. Pero me sentía bien, estaba
ilusionada con la idea. Parece que me acaban de decir la típica
frase que utilizan los padres modernos, esa de…”¡Estamos
embarazados!”
Pasaron unos días y el traslado a casa de Sergio se
hizo bastante pesado, pero estos días de convivencia
han sido únicos. Disfruté de la parte más
romántica de Sergio y pronto también pude disfrutar
de su parte más humana. Yamir llego a casa varios días
después de la mudanza. Las horas anteriores había
estado especialmente nerviosa. Fui a la peluquería,
con el único propósito de que Yamir pensara
que su mamá era la más guapa de todas. Había
preparado una habitación con juguetes…aunque
sabiendo de donde proviene, seguramente elegiría jugar
con sus zapatos. Llegó la hora.
—Vamos Yamir, pasa ésta es Ángela. Ella
es la maga de las sonrisas, de la que te he hablado —expuso
Sergio con ilusión guiñándome un ojo.
—Hola precioso…—saludé abriendo los
brazos en cruz, y flexionando mis rodillas para ponerme a
su altura. , invitándole a un abrazo.
Yamir no avanzó. Se mantuvo estático frente
a mí varios segundos. Miraba a Sergio y después
me miraba a mí, cuando por fin dijo su primera y única
palabra:
—¡Mamiii!
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| Jamás encontraré palabras, para expresar la
profunda sensación que me produjo escuchar aquella
palabra. Me sentí agradecida, por tener la posibilidad
de hacer feliz a tantas personas a la vez. Por un lado a Sergio,
por otro, a Yamir, y por último, a mí misma,
porque considero que la decisión que tomé aquel
día, fue la mejor de mi vida. |
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Un
relato de © Irene Freyja, todos los derechos reservados:
La maga de Las sonrisas
Y un poema Miradas
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