Estoy sentada frente a ventana del salón, los pies tapados
con una dulce manta, oyendo la canción de Portishead, `Sour
Times´… Tiempos agrios, me digo… y te hablo y me pides que
te describa lo que siento y es difícil de definir, así a bocajarro,
sin dejar de sentir cierto rubor… Pues eso que dicen de las
mariposas, hormigas, palomitas o qué se yo que se posan en
el estómago a mí me pasa cuando imagino tus besos. Luego cuando
te acercas, cuando siento que tu boca me busca después de
una prolongada mirada… entonces sí que se apoderan de mi estómago
miles de elefantes saltarines… me quedo quieta, se detiene
mi respiración, o al menos eso me parece, se detiene el mundo
y mi cabeza da vueltas enredada en varias sensaciones. Siento
que tu cuerpo me abarca, me siento perdida entre ellos, es
como si no supiera quién soy, ni dónde estoy porque nada me
importa… pierdo la conciencia del tiempo, el lugar, la edad…
solo me importa sentir tu latido, retener el calor que emanas
y las sensaciones que producen tus manos al tocarme. Me derrito
con el sonido de tu voz, me gusta que me digas lo especial
que soy para ti, que te importo como persona, como mujer…
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A veces me da la sensación de que me has puesto méritos que
no me corresponden, que atribuyes cientos de virtudes que
son fruto de tu imaginación y me haces ver como otra persona
que yo no veo. Siempre pensé que te equivocabas conmigo, crees
que soy más sensible, más vulnerable y te da miedo dañarme…
Pero insisto en que eso solo son sensaciones, no soy tan buena
persona, no soy tan débil como crees, ni tan fuerte como aparenté.
Cuando era más joven tu eras mi mundo, no lo concebía sin
ti… pensé que el amor lo abordaba todo, que necesitaba de
tu contacto y tu entrega sexual como herramientas necesarias
para mantenerlo. Supongo que pensar que no podía vivir sin
ti era tan romántico… Ahora que una ya platea, que dejó atrás
los años dorados de la juventud, y que se le acumula la melancolía,
valora otras cosas, valora lo pequeño y cotidiano de un gesto,
el regalo de un libro inesperado, una comida sorpresa, los
pequeños sacrificios que parecen un mundo como aguantar a
la familia, los amigos que te parecían pesados… Si son esas
las sensaciones que siempre me pedías que te explicara, puedo
fácilmente resumirte que hoy no te necesito, que hoy puedo
vivir sin ti, que puedo incluso prescindir de tu cuerpo, porque
las sensaciones ya vividas las puedo revivir y soy capaz de
disfrutar con ellas, de recordar encuentros pasados o usar
la imaginación para inventar otros… ¿Acaso no fueron suficientes
aquellos instantes en que sentía que me desmayaba, acaso no
fueron suficientes aquellos orgasmos que me provocaste? Pero
no te voy a mentir, la nostalgia como la lluvia a veces cae
flojita y otras en forma de interminables chaparrones… Claro
que me da pena que no estés aquí, me da pena que te hayas
ido, me da pena no volver a verte, no poder sentirte, no poder
compartir miles de cosas, pero dónde quiera que estés sabes
que no puedes olvidarme, aunque no quedes en carne ni en huesos,
aunque ya solo seas cenizas… ¿Sabes qué me da pena? Me da
pena no poder compartir cosas cotidianas contigo, como este
día, me hubiera gustado describirte como veía caer la lluvia
a través de los rayos de sol, y como ésta formaba mil colores
transparentes, cómo a pesar del temporal no hace frío y cómo
las calles se han llenado de paraguas, chubasqueros, botas,
cambiando las coloridas bermudas o chanclas por otros colores
más agrestes. El sol ha salido a rachas, pero cuando lo ha
hecho ha dejado un espectáculo fabuloso. He pasado por el
parque Doramas y las fuentes chorreando agua, los nenúfares
flotando y las ranas escondidas que no dejaban de croar… La
verdad que en apenas una hora me di cuenta de lo cambiante
que es esta ciudad, supongo que como cualquier ciudad del
mundo, pero esta tierra es especial. Aquí el contraste entre
frío y calor son apenas unos grados, y entre el sol y la lluvia
ni te digo… lo que ha hecho el cambio climático con nuestra
eterna primavera!. Qué ganas tenía de contártelo, te hubiera
escrito dos o tres sms seguidos para irte describiendo como
la gente se solidariza ante la lluvia, comparten paraguas,
los conductores te paran para que cruces, algunos intentan
ir despacio para no mojarnos a los transeúntes… en fin esas
impresiones que iba viviendo y que me hubiera gustado transmitirte
mientras no estabas a mi lado. ¿Pero dónde mandar sms? si
ya no eres… ya solo eres recuerdos, eres sensaciones inesperadas
en la madrugada… a veces te presiento e incluso como ahora,
te hablo… Ya sé que la erección del hombre de más de 50 años
se hace menos firme debida a que los vasos sanguíneos no son
tan elásticos como antes y los músculos son menos potentes,
y que a las mujeres nos disminuyen los niveles de estrógeno
y producen cambios en nuestras relaciones sexuales, pero qué
quieres que te diga… nunca tuvimos falta de estímulo sexual
y mantuvimos un buen nivel de actividad a pesar del temple
que daba el paso de los años. Me acuerdo aquella vez que creímos
que te había dado un infarto, solo fue una subida de tensión,
pero te tuvieron que llevar a urgencias desde el trabajo y
me llamaron saliendo como una loca a tu encuentro. Esa noche
tu miedo se veía en los ojos, el temor a morir, y en los míos,
el temor de perderte…Tus manos buscaban ansiosos mi cuerpo
y yo temía… huía de ti y tu más me buscabas… pero los medicamentos
empleados en tu tratamiento repercutieron de manera negativa
sobre la erección, y me alegré porque tenía tanto miedo que
la tensión arterial aumentara… Pero eso duró poco tiempo,
tus médicos nos dieron buenos consejos que no impidieron que
retomarás tu vida sexual, y por ende, la mía… ¿Ves? Te hablo
y ahora con la edad que tengo, aun miro tu foto y me entra
el gusanillo de sentir tus manos, tu boca, mirar tus ojos…
recuerdo tus suaves caricias, la manera que tenías a veces
de sorprenderme, de excitarme y me estremece pensar cómo te
gustaban mis gemidos, como te gustaba, y disfrutabas extrayendo
unos chispazos más a mis orgasmos… |